Merche Pellicer mira hacia la entrada del Santuario de Misericordia mientras habla. Afuera cae una lluvia fina. “Aquí le llamamos niebla llorona, porque viene con humedad”, dice.
El caserón de piedra y ladrillo claro que alberga el santuario absorbe esa humedad desde hace décadas. Según ella, ese mismo ambiente aceleró el deterioro del “Ecce Homo”, el fresco que terminó convertido en uno de los memes más famosos del mundo. El santuario queda a cinco kilómetros del centro de Borja, en una zona elevada cercana al Moncayo, la montaña que domina el paisaje de esta parte de España.
Está a casi 785 metros de altitud, rodeado por pinos y zonas de picnic. El camino sube entre curvas y cerros secos. Antes de 2012, el lugar quedaba fuera del circuito turístico de esta ciudad de Zaragoza de poco más de cinco mil habitantes.
El recinto mantenía una rutina lenta, con visitas esporádicas y celebraciones religiosas puntuales. Ignacio Molina | BBCL “Aquí trabajaba el santero, que es el que estaba al cuidado de todo el santuario, como un alguacil. Pero de cara al público no había nadie porque realmente no venía nadie”, recuerda Merche, guía del Santuario de Misericordia.
El lugar existía mucho antes del fenómeno viral. A comienzos del siglo XV hubo en este monte una pequeña ermita dedicada a Santa Eulalia, muy visitada por vecinos de Borja y pueblos cercanos. Después apareció una imagen de la Virgen con la inscripción “Mater Misericordia”.
Con el tiempo, el lugar creció hasta convertirse en el conjunto monumental actual: la iglesia tardogótica, el caserón levantado entre los siglos XVII y XVIII, los patios interiores y una fuente redonda de piedra instalada frente a la entrada principal. Hoy el recinto tiene estacionamientos, señalética turística, un pequeño camping cercano y una tienda con totebags, camisetas, imanes, tazas, llaveros y vinos con la cara del “Ecce Homo”. Ignacio Molina | BBCL En los folletos turísticos repartidos por la ciudad aparece una frase que resume cómo Borja decidió convivir con el fenómeno: “La restauración del Ecce Homo situó a la ciudad de Borja en el mapa mundial.
Pero Borja va más allá del Ecce Homo, Borja es más”. La frase aparece junto a fotos de viñedos, iglesias, plazas porticadas y paisajes abiertos. También junto a una invitación más directa: recorrer calles históricas, probar tapas, vinos y platos típicos.
El intento por ampliar el relato del meme aparece en todas partes. Ignacio Molina | BBCL “La original es de 1930”, explica Merche sobre la pintura. “Era un señor que pasaba sus veranos aquí.
Elías García. Él era realmente de Requena, Valencia. Lo que pasa es que estaba de profesor en la Escuela de Arte de Zaragoza”.
Cecilia Giménez Zueco, vecina de Borja, conocía esa imagen desde hacía décadas. Pasaba largas temporadas en el santuario y ayudaba a cuidar el recinto. Pintaba por afición, sobre todo paisajes, y cada cierto tiempo retocaba pequeños daños del fresco con autorización del sacerdote que celebraba misa ahí.
“Ella ya llevaba mucho tiempo cuidándola”, dice Merche. “Cuando ya venía a limpiar, a rezar o a cualquier cosa de estas, pues si lo veía en mal estado, lo retocaba”. Pero en 2012 el estado de la obra empeoró.
Según Merche, hubo una filtración de agua que aceleró todavía más el deterioro. Cecilia encontró el rostro casi borrado. “Ella siempre decía que, cuando entró por última vez, el Ecce Homo ya no tenía cara”, cuenta Merche.
Entonces intentó rehacerlo usando apenas su memoria y una pequeña foto que tenía guardada. “Cecilia nunca lo pudo terminar”. El santero avisó a los responsables del patrimonio local.
El Centro de Estudios Borjanos tomó fotos y las publicó en su blog. Después, una periodista encontró esas imágenes y publicó la historia en el Heraldo de Aragón. Desde ahí el caso explotó en internet.
“La que se montó aquí fue espectacular”, recuerda Merche. “Parecía que la pobre mujer se había cargado el patrimonio nacional”. “Potato Jesus” Desde Zaragoza sale un bus que tarda poco más de una hora en llegar a Borja.
El trayecto cruza campos secos, viñedos y cerros bajos. La terminal queda cerca del centro histórico, donde todavía sobreviven antiguos accesos medievales, conventos y edificios levantados entre los siglos XV y XVI. La ciudad intenta mostrarse como algo más que el meme.
En los folletos turísticos destacan la Plaza del Mercado y sus soportales, la Colegiata de Santa María, el Palacio de los Angulo y el Torreón de los Borja, donde suelen organizar exposiciones. También aparece la Ruta de la Garnacha, los viñedos que rodean la ciudad y platos típicos como las borrajas, el ternasco o la Trenza de Borja. Desde ahí, algunos visitantes recorren el casco histórico antes de subir al santuario.
Otros toman taxi directo hasta el Santuario de Misericordia, en las afueras de Borja. David Gómez lleva diecinueve años como taxista en Borja. Desde 2012 empezó a trasladar turistas desde la terminal hasta el santuario.
“En 2012, 2013 y 2014 esto era continuo. Todos los días hacía unos cinco servicios”, dice. Recuerda largas filas para entrar al santuario.
“Al principio no se cobraba entrada ni nada. Había unas filas de cien metros, había un montón de gente”. Ignacio Molina | BBCL David enumera nacionalidades casi sin pensar.
“De China, de Australia, Finlandia, Estados Unidos, Chile, Argentina”. Muchos visitantes llegan solo para ver el fresco, sacar una foto y volver al bus. Otros bajan otra vez al centro y recorren iglesias, museos y bodegas.
“La mayoría de la gente viene en autobús, se va al siguiente”, dice. “Hay algunos que sí, que se quedan”. El taxista asegura que el impacto turístico fue inmediato.
“Esto, si hubieras tenido que pagar publicidad para salir a nivel mundial, no hay dinero en toda España para pagar”, comenta. “El meme hizo que mucha gente supiera que Borja existía”, resume. El museo del meme En otro sector del recinto, separado de la tienda y a pocos metros de la capilla donde está el “Ecce Homo”, aparece una sala completa dedicada a las reinterpretaciones de la obra.
El espacio tiene vigas de madera oscura en el techo, muros blancos y paneles azules desde donde cuelgan cuadros enviados por artistas y aficionados. Algunos intentan reproducir el fresco original. Otros lo transforman en caricatura, collage, pintura abstracta o arte pop.
En el centro destaca un retrato de Cecilia Giménez con pincel y paleta en la mano. Detrás aparecen las dos versiones del “Ecce Homo”: la original y la restaurada. Más allá cuelga una obra donde el rostro aparece fragmentado en franjas verticales, como si la imagen estuviera doblada sobre sí misma.
En una de las paredes aparece incluso una invitación abierta al público: “Pinta tu propio Ecce Homo”. El instructivo propone continuar una pintura colectiva iniciada por otros turistas y firmar después en un libro bajo la frase: “Yo pinté un nuevo Ecce Homo”. Y antes de entrar a la capilla del santuario, casi como antesala obligatoria del recorrido, aparece la tienda.
Ahí venden totebags, camisetas, imanes, tazas, llaveros y vinos con la cara del “Ecce Homo”. Merche dice que muchos visitantes llegan buscando el meme, pero terminan conectando con otra cosa. “Ahora, aparte de venir a ver un ícono pop famosísimo en el mundo entero, con una historia única detrás, lo que más valoran es, primero, el lugar donde se encuentra, que es uno de los más antiguos de España dentro de su tipo, y luego el cariño que sienten aquí por Cecilia”.
El pueblo y Cecilia Durante los primeros días del escándalo, Cecilia apenas quería salir de su casa. “Ella no hacía más que llorar y solo decía que no lo había terminado”, recuerda Merche. Los medios internacionales llegaban a Borja para grabarla.
Programas de televisión, periodistas y fotógrafos se acumulaban alrededor de una mujer que no entendía por qué medio mundo se reía de ella. “Le dieron dos ataques en una semana y la tuvieron que ingresar”, revela Merche. David Gómez, el taxista, todavía se acuerda del miedo que había entonces.
“Ella estaba asustada porque el tema era que, si se consideraba patrimonio, era peligroso porque podía condenarle algo por haber tocado una muestra de arte religioso”, revela. Pero con el paso de los días el pueblo empezó a reaccionar distinto. Durante una romería local, los danzantes se detuvieron frente a su casa para dedicarle unas palabras.
Vecinos dejaron flores en la puerta. Llegaron cartas desde distintos países. “Ella siempre decía: ‘Los chicos, los chicos me han salvado’”, cuenta Merche.
La guía insiste en que Cecilia tuvo una vida muy dura mucho antes del meme. Junto a su marido tuvo un restaurante y una tienda de electrodomésticos. Después llegaron los problemas familiares: un hijo con parálisis cerebral, otro que murió joven por distrofia muscular congénita y una viudez temprana.
“La pintura muchas veces le servía como vía de escape ante tantos problemas que había tenido”, dice. Cecilia Giménez falleció el 29 de diciembre de 2025, a los 94 años. Sus últimos días transcurrieron en la residencia del Instituto Aragonés de Servicios Sociales de Borja.
Merche no pudo despedirse de ella. “No pude hablar con ella porque estaba ya casi en coma, estaba sedada. Ella tenía mucha demencia.
Más del cincuenta por ciento, según su neurólogo, le venía derivada de este disgusto”. Ahora que Cecilia ya no está, Merche cree que la percepción cambió. Lee también...
Muere a los 94 años, Cecilia Giménez: famosa por "restaurar" el ’Ecce Homo’ Lunes 29 Diciembre, 2025 | 12:50 “De cara al visitante, sí, que lo entienden mejor. Nada tiene que ver el perfil del visitante que venía al principio, con cachondeo, risas, mofas e insultos incluso, con los que vienen ahora. Ahora vienen con sumo respeto y la gente habla muy bien de ella”.
Dice que varios llegan por el meme y terminan conmovidos por la historia de Cecilia. “Mucha gente se emociona, se va llorando y suelta alguna lagrimilla”.