Y por su parte, el académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes Javier Mella, remarca: “La deuda bruta como porcentaje del PIB dejó de crecer y eso es una buena noticia, aunque haya sido marginal. Este indicador de deuda venía creciendo desde el 2008, en esa ocasión debido a la crisis financiera internacional de aquellos años. Es una pequeña baja en el margen, y es tan pequeña que podría cambiar con las revisiones de Cuentas Nacionales.

Sin embargo, me parece que en los últimos años se ha discutido sobre los déficits fiscales y la importancia de mantener la deuda en niveles razonables para una economía como la chilena, que, en general, debe ser más cautelosa que el promedio de los países de la OECD, y que el resultado esperable es un cambio de tendencia”. Respecto de la posibilidad que el descenso destacado por Grau se mantenga en el futuro, los expertos son cautos y esperan conocer las metas de Balance Estructural que se autoimpondrá el nuevo gobierno. “No hay un ajuste estructural tan claro todavía.

Todo va a depender de si el crecimiento y la recaudación logran afirmarse en el tiempo”, comenta Müller. Otros, ven guiños alentadores. “La última señal respecto a un ajuste en torno a US$4.

000 millones, implicaría un menor déficit esperado para este año y dado un paquete de medidas que podrían darse en proyectos de ley en 2026, es factible esperar un escenario fiscal menos déficitario, y por ende una trayectoria de deuda que se mantenga o se reduzca levemente” remarca Ortiz. Mientras que el experto de Copeuch anticipa” lo que ocurra con la deuda bruta hacia adelante va a depender en buena medida de la capacidad que tenga la nueva administración de reducir en algún grado el déficit fiscal. En este sentido, las señales que se han entregado durante esta primera semana apuntan en esa dirección”.