El hecho de que el mandatario anterior haya evidenciado desconocimiento del contenido de la Constitución y de las leyes, pese a sus estudios de derecho en la Universidad de Chile —misma casa de estudios que incorporó como docente al exministro de Economía y Hacienda, responsable de haber dejado una situación fiscal estrecha—, constituye el principal fundamento para revisar cada uno de sus decretos. En este sentido, las falencias del gobierno anterior deben ser corregidas, a fin de evitar cualquier tipo de consecuencias perniciosas futuras. Gobernar por decreto —en su correcta dimensión— no es un abuso de poder, sino una expresión del mandato constitucional del Presidente de la República.

Lee también... Golpe en Medio Ambiente: Gobierno retira 43 decretos de la administración Boric desde la Contraloría Martes 17 Marzo, 2026 | 13:29 El arte de gobernar por decreto consiste en pasar del juramento a la acción. En asumir que el ejercicio del poder implica responsabilidad, control y corrección, incluso cuando ello suponga adoptar medidas impopulares.

Y en entender que, cuando se ejerce adecuadamente el cargo, los beneficiados no son quienes gobiernan, sino la ciudadanía en su conjunto. Este arte ya es acción. Se manifiesta en la protección de la frontera; en auditorías para esclarecer el destino de los recursos públicos; en la revisión de lo obrado por la administración anterior; y en el restablecimiento de estándares de legalidad y prolijidad en la actuación del Ejecutivo.

También en decisiones incómodas pero indispensables, como el cobro del CAE, el fin a la obtención fraudulenta de la gratuidad y la corrección del MEPCO en materia de combustibles. Porque gobernar no es agradar: es hacer lo correcto, incluso cuando tiene costos. El respeto y la dignidad del cargo no vienen con el nombramiento: se construyen.

Un cargo no se habita, se ejerce.