“El gobierno ha ratificado sus objetivos, pero deberá redoblar esfuerzos y estar abierto a escuchar e incorporar buenas ideas para alcanzarlos”. Un indicador que mostraba un resultado más benigno al inicio del este gobierno era la inflación, por debajo de la meta de 3%, que se esperaba se mantuviera bajo ese objetivo todo el año, lo que dejaba algún espacio para nuevos recortes de tasas. Sin embargo, el panorama en este ámbito también cambió para mal.

Con el inicio de la guerra en Medio Oriente, además de más incertidumbre, sabemos que tendremos menos crecimiento y más inflación en el mundo. En Chile, si se dan las expectativas para abril, en solo dos meses habremos acumulado casi 90% del objetivo de inflación para un año. Las proyecciones para fin de año se ubican en torno a 4,5% y no solo se han descartado las bajas de tasas de interés, sino que el Banco Central, al igual que otras instituciones alrededor del mundo, evalúan seriamente la posibilidad de volver a subirlas.

El gobierno fijó objetivos macro bien exigentes antes de partir. Aspira a elevar el crecimiento económico tendencial a 4%, reducir la tasa de desocupación a 6,5% y eliminar el déficit fiscal estructural que el año pasado cerró en 3,6% del PIB. Es positivo tener metas y mejor aún si estas son claras y exigentes.

Aunque no es claro si con toda la información que hemos conocido en las últimas semanas los objetivos hubiesen sido los mismos, el gobierno los ha ratificado, hasta ahora. En un inicio de año marcado por la guerra en Medio Oriente, caracterizado por una economía estancada, alto desempleo, inflación al alza y un deteriorado panorama fiscal, el Ejecutivo deberá redoblar los esfuerzos, así como también, estar abierto a escuchar e incorporar buenas ideas que le permitan avanzar en el logro de sus objetivos.