Los recursos naturales del país ya no están dando abasto frente a la demanda humana actual. Eso es precisamente lo que representa el concepto de sobregiro ecológico, límite que Chile sobrepasó el pasado 7 de mayo. Antes de que se cumpla la mitad del año 2026, adelantándose 10 días respecto del año anterior y por séptima vez consecutiva, Chile se convirtió en el primer país de Latinoamérica en entrar en sobregiro ecológico.

Cabe recordar que el Día del Sobregiro Ecológico es una estimación elaborada por la Red Global de la Huella Ecológica (GFN, por sus siglas en inglés), que busca evidenciar cómo la humanidad consume los recursos naturales de la Tierra a un ritmo más rápido del que el planeta es capaz de regenerar. Que Chile haya alcanzado el sobregiro el 7 de mayo significa que, en menos de cinco meses, el país consumió todos los recursos naturales que la Tierra puede renovar en un año. De acuerdo con un comunicado del Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés), si toda la humanidad viviera con el mismo nivel de consumo que Chile, serían necesarios 2,9 planetas Tierra para sostener ese estilo de vida.

Una realidad que genera preocupación en distintos sectores. En ese contexto, Medios UdeC conversó con el director del Centro Eula y profesor titular de la Facultad de Ciencia Ambiental de la Universidad de Concepción, Ricardo Barra, quien explicó las implicancias de este fenómeno y los desafíos que enfrenta el país para revertir la situación, tarea que, adelanta, no es sencilla. “El costo de no hacer nada es demasiado elevado”, señala el académico.

Desde su visión, que Chile haya alcanzado el sobregiro ecológico antes de mitad de año constituye “una mala noticia”. Según explica, durante los últimos 40 años Chile “se transformó en una sociedad de consumo y ese consumo viene con enormes problemas ambientales”, indicó Barra. Pese al escenario, el académico mantiene la esperanza de que “estas malas noticias se transformen en buenas; en relación a cómo nosotros estamos avanzando como país a metas más ambiciosas de sostenibilidad y vamos corriendo este día del sobregiro ecológico hacia el 31 de diciembre”.

Ahí radica el principal desafío, sostiene el profesor. Para avanzar en esa dirección, advierte que es necesario modificar los patrones de conducta y consumo. “Nuestros niveles de producción y consumo están siendo exagerados” y, si esto no cambia, será “complejo o prácticamente imposible superar esta problemática”.

Y, ¿cuál es el principal llamado desde la ciencia? “Moderar nuestro consumo. No necesitamos consumir lo que estamos consumiendo hoy día, porque la forma de consumo y de producción de bienes y servicios hoy día está extrayendo demasiados recursos que el planeta no puede proveer.

Entonces, en la medida en que estos recursos se van agotando, se van generando enormes tensiones en la economía, en el desarrollo y en el bienestar de nosotros mismos”, advirtió. Respecto de la situación del Biobío, el académico expuso un antecedente que calificó como preocupante. “El promedio de basura que nosotros desechamos en Concepción, es algo más alto que el promedio nacional.

Estamos botando en el orden de 1,3 a 1,4 kilos de basura por habitante por día, y el promedio es 1,2 a nivel nacional. Eso ya da una muestra de que estamos también por sobre el promedio nacional en términos de cómo estamos eliminando residuos al medio ambiente. Lo que no es una buena señal”.

Si bien existen iniciativas orientadas a disminuir la huella de carbono y nuevas legislaciones que apuntan en esa línea, la advertencia del académico de la UdeC es clara: si la sociedad no modifica sus hábitos de consumo, los esfuerzos podrían resultar insuficientes. Además, advirtió que Chile podría transformarse no solo en un referente negativo en materia de degradación ambiental, sino también enfrentar efectos cada vez más severos en ámbitos como la salud de la población, la soberanía alimentaria y el uso de suelos destinados a la agricultura. Un escenario que, según plantea, trasciende lo ambiental y repercute directamente en la economía y la calidad de vida de las personas en el Biobío y en todo el país.