No resultó la titular de Seguridad Pública, siendo una cartera prioritaria y vital en la agenda del gobierno de José Antonio Kast. Tampoco resultó el supuesto rol novedoso de la ministra vocera, a quien el mandatario defendió hace poco tiempo. “El Siglo”.
El Editorial. Santiago. 19/5/2026.
Claramente el Presidente José Antonio Kast asistió este martes a un fracaso. Una prioridad de su campaña y de su agenda de gobierno fue y es la seguridad pública. Para ello, recurrió a una fiscal como funcionaria eficiente que encabezaría uno de los planes principales de la administración, estaría liderando el combate al crimen organizado, la delincuencia y el narcotráfico.
El mandatario dijo que ella, Trinidad Steinert, lo haría. Sin embargo, en dos meses la ministra de Seguridad Pública mostró todo lo contrario. Y Kast tuvo que sacarla.
Eso es un fracaso. Puso a Mara Sedini como ministra vocera de gobierno, aludiendo a sus supuestas habilidades comunicacionales, su familiaridad con las comunicaciones, su posible afinidad con la prensa y la opinión pública, su profesionalismo y su simpatía en la gente. También fue un fracaso, nada de eso se hizo realidad y tuvo que sacarla del Ministerio Secretaría General de Gobierno.
Además, cuando menos, este reclamado y también repentino cambio de las dos ministras, mostró la debilidad en el diseño del gobierno de Kast. Él mismo reconoció que no esperaba algo así en esta etapa de su gestión. Sin dejar de considerar los cuestionamientos a deficientes y controversiales gestiones y malas comunicaciones de otras ministras y ministros como los de Vivienda, Desarrollo Social y Familia, Mujer y Equidad de Género, Hacienda, Ciencia y Tecnología, entre otros.
No es menor que la ministra de Seguridad Pública haya salido a dos meses de iniciar su gestión, dada la prioridad de esa cartera en los planes de gobierno. Más importante, dada la cruda realidad de la delincuencia que se vive en todo el país, problemas como los de Gendarmería, dificultades en las funciones municipales y equipos del área de Seguridad Pública. Que para enfrentar el fracaso haya tenido que recurrir a la fórmula de biministros, incluido un riesgoso papel del titular de Interior a cargo de la vocería de gobierno, tiene que ver con un problema del mandatario ya señalado: que no tiene a quien recurrir en las filas de su sector para colocar en ministerios, menos en los que son estratégicos políticamente.
Esto viene a ser parte del síntoma que se detecta de que esta administración está en serios problemas, lo que incluye un ascendente rechazo social a sus medidas económica, de recortes y de apoyo al gran empresariado.