“Es importante acompañar el embarazo con controles vasculares, manejo del edema y seguimiento del aumento de peso, siempre desde una mirada integral y personalizada”, indica. Respecto al uso de medias de compresión, la doctora asegura que son una herramienta segura y altamente recomendada durante la gestación, ya que ayudan a disminuir la pesadez, mejorar la circulación y controlar parte del edema. Lo importante es que sean indicadas por un profesional y adaptadas a cada etapa del embarazo.

Otro tratamiento que puede ser beneficioso es el drenaje linfático manual, siempre que sea realizado por especialistas capacitados y con autorización médica. “El drenaje linfático puede aliviar mucho los síntomas, mejorar la circulación y disminuir la sensación de inflamación durante el embarazo”, sostiene. En cuanto a la actividad física, la experta enfatiza la importancia del movimiento como parte del tratamiento integral, considerando que los ejercicios de bajo impacto como caminar, nadar, yoga prenatal o ejercicios acuáticos suelen ser muy beneficiosos, porque ayudan al retorno venoso y linfático sin generar sobrecarga.

La especialista también destaca la importancia de mantener una alimentación antiinflamatoria durante el embarazo y la lactancia, siempre bajo supervisión profesional. “Una alimentación antiinflamatoria puede ser completamente compatible y segura tanto durante el embarazo como en el periodo de lactancia. Lo importante es que exista acompañamiento de profesionales con experiencia en lipedema y gestación, para entregar una orientación adecuada y segura para cada paciente”, explica.

Cirugía y maternidad Sobre el tratamiento quirúrgico del lipedema, la doctora Calderón señala que idealmente debe planificarse considerando los deseos de maternidad de cada paciente. “En términos generales, recomendamos realizar la cirugía una vez finalizados los embarazos planificados y después del periodo de lactancia, porque todos estos cambios hormonales pueden modificar parcialmente los resultados obtenidos”, explica. Sin embargo, aclara que cada caso debe evaluarse individualmente y que muchas mujeres también pueden operarse antes de convertirse en madres.

“Si la paciente ya fue operada, lo recomendable es esperar entre seis meses y un año antes de buscar un embarazo, para permitir una recuperación completa y estable”, señala. Respecto a la lactancia, la especialista enfatiza que no se recomienda realizar cirugía mientras la paciente está amamantando ni inmediatamente después de finalizar este proceso. “Aunque la lactancia haya terminado, idealmente se debe esperar al menos seis meses antes de realizar una cirugía de lipedema, porque las hormonas que estimulan la producción de leche continúan circulando en el organismo y pueden mantener inflamados los tejidos”, explica.

La doctora agrega que operar durante ese periodo podría afectar la evolución postoperatoria y los resultados de la intervención. “Estas hormonas pueden hacer que las piernas aún presenten inflamación al momento de la cirugía, por eso lo recomendable es operar antes del embarazo o bien después de haber concluido tanto los embarazos como la lactancia, para realizar un tratamiento más completo y seguro”, sostiene. No obstante, aclara que esto no significa suspender completamente el tratamiento durante esa etapa.

“Aunque la cirugía deba esperar, la paciente sí puede recibir otro tipo de acompañamiento terapéutico, como manejo del edema, compresión, drenaje linfático, actividad física y orientación nutricional especializada”, concluye.