"En este sentido, comienzan a incluir opciones que antes realizaban por gusto o distracción, pero hoy es más una necesidad de ahorro: caminar distancias más largas en vez de utilizar el auto o andar en bicicleta si lo consideran seguro. Dejando, de esta manera, el vehículo para ocasiones que sean una urgencia o que consideran justificable su uso", agrega. Eso sí, advierte que el problema lo tienen las personas que deben trasladarse grandes distancias y la locomoción no es una alternativa, ya sea porque no coinciden con los horarios o la frecuencia es baja.

"En aquellos casos, la tendencia es a compartir el vehículo entre vecinos y conocidos, lo cual fortalece los lazos de la comunidad", remarca. Cristian Rodríguez, psicólogo social de la U. de Los Andes, plantea otra mirada.

A su juicio, es complejo que las personas decidan reemplazar los traslados en auto, por ejemplo, en aquellos casos de quienes van al trabajo en este medio de transporte, "porque esto implicaría levantarse una hora más temprano para usar la micro, y se ve difícil de compatibilizar con otras cosas". Decisiones de viajes En cuanto a los viajes, los expertos prevén que las personas comiencen a moderar sus decisiones, a raíz del efecto de incremento en tarifas como en los buses interurbanos o pasajes aéreos. Para Berríos no se debería ver un impacto tan grande en cuanto a los viajes "porque las personas programan con tiempo" estas actividades.

"Lo que sí, es que se ve afectado el bolsillo y el costo que pagan las personas por los viajes". Por su parte, Vicente Corona, Analista Senior Deal Advisory en BDO Chile, plantea que el alza de las bencinas debería generar una moderación en los desplazamientos, "no solo a través de vehículos particulares, sino también a través de otros medios como buses o aviones, debido al incremento en las tarifas". "A su vez, esto puede traducirse en una recomposición hacia destinos más cercanos, lo que también tiene implicancias económicas para el sector turístico", acotó.

Impacto en consumo El incremento en materia de combustibles podría afectar otras decisiones de consumo a raíz del aumento de costos en otros rubros que tocan el consumo diario. Corona detalla sobre esto que "el aumento en el precio del combustible actúa como un impuesto indirecto al consumo, a través de la inflación que genera, y reduce el ingreso disponible de los hogares para actividades más recreacionales como salidas a comer, turismo y compras espontáneas". En definitiva, el experto proyecta que desde el punto de vista económico, se comienza a ver "una reasignación de gastos dentro del hogar, donde el mayor costo en movilidad obliga a recortar otros consumos, especialmente aquellos no esenciales".

Para Rodríguez, ante estos escenarios, las personas "tendemos a cortar lo que pensamos que es superfluo y que va a incidir más en el presupuesto, pero no necesariamente es así. Por ejemplo, pueden optar por comprar un jabón más barato, o reemplazar la bebida por jugo, y pensar que con eso se está bajando el nivel de consumo, pero ese tipo de diferencias son más bien marginales. Muchas veces eso responde más a la necesidad de sentir que están haciendo algo".

De todos modos, no descarta que se tomen otras decisiones como "cortar suscripciones a plataformas de streaming, o dejar de hacer donaciones a fundaciones, o reducir la contratación de servicios eléctricos o de otro tipo y optar por hacerlo uno. También podrían verse caídas en la vida nocturna, en el caso de quienes opten por mantener suscripciones a plataformas, pero reduzcan las idas al cine".