Para la fundación, si se piensa en la población La Victoria en la década de los 70, se habla de una población organizada pero marcada por condiciones de extrema precariedad. En ese contexto, experiencias como la recuperación de un sitio eriazo para transformarlo en una plaza de juegos con sentido educativo resultan profundamente significativas. “La creación de espacios tipo ‘rincones de educación inicial’, la improvisación de salas con techos de paja y la organización de turnos rotativos de voluntariado para sostener actividades educativas planificadas colectivamente, dan cuenta de una forma de innovación social situada, nacida desde la necesidad, pero también desde la creatividad como política comunitaria y de clase”, agregaron.

Según la organización, experiencias como la plaza preescolar de La Victoria, no solo resolvían un problema inmediato, sino que construían comunidad, generando sentido y abriendo horizontes. “Hoy, esas prácticas nos ofrecen herramientas críticas para enfrentar contextos complejos: organización, autogestión territorial, cuidado colectivo y educación como práctica comunitaria”. Por último, la fundación declaró que esperan que el cruce entre la vivencia pobladora de La Victoria y la reflexión académica, permita generar un diálogo genuino donde el conocimiento se construya desde el diálogo participativo y la interacción de saberes.

“La memoria popular, especialmente aquella que emerge desde experiencias de lucha y organización, tiene un carácter irreverente porque cuestiona los marcos tradicionales desde los cuales se produce y valida el conocimiento. Por eso, es fundamental que la academia se deje interpelar por estas experiencias”, señalaron. Desde la organización indicaron que más que “llevar” la memoria al espacio académico, su objetivo es tensionarlo, abrirlo y contaminarlo con otras formas de entender el mundo, la educación, la política y la comunidad.

“Este encuentro puede habilitar nuevas preguntas, nuevas metodologías y, sobre todo, una mayor conexión entre pensamiento y acción política en el territorio. En ese sentido, permeabilizar la academia con esta memoria irreverente no es solo necesario, sino urgente, si queremos construir conocimientos que estén a la altura de los desafíos políticos y sociales actuales”, concluyeron.