El propio Donald Trump ha alabado las capacidades de Palantir, que mantiene desde hace años una relación consolidada con diversas agencias del Gobierno de EE. UU. , algunas de ellas vinculadas a la seguridad fronteriza e inmigración.

Polémica en redes Mientras, en redes, su "manifiesto" no ha hecho más que intensificar una conversación que ya estaba en marcha: hasta qué punto las grandes tecnológicas deben participar en la arquitectura de la seguridad estatal y qué consecuencias puede tener esa implicación dentro y fuera de sus propias organizaciones. Desde el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, que dijo que "si el mal pudiera tuitear, esto es lo que haría" (en referencia al manifiesto), hasta la diputada británica Victoria Collins, que considera que se trata de desvaríos de "un supervillano", las críticas han sido muchas y variadas. El filósofo belga Mark Coeckelberg tachó el texto de un "ejemplo de tecnofascismo", mientras que el ideólogo ruso Alexander Dugin alertó sobre esta peligrosa visión ultratecnológica para el nuevo mundo.

"Palantir no está cambiando, solo está dejando de disimular", opinó un usuario en X, mientras que otros defienden que la empresa en realidad "solo construye software" y el problema es cómo lo usan los gobiernos. Fundada en 2003 por Alex Karp, Peter Thiel y otros socios, Palantir nació enfocada en análisis de datos, aunque con el tiempo amplió su negocio a sectores privados como banca, energía, salud, manufactura y logística, beneficiándose del auge inversor en IA, lo que disparó su visibilidad y valor en bolsa. En el plano financiero, algunos analistas apuntan a que la expansión de Palantir en el sector militar, su creciente exposición mediática y su posicionamiento político han convertido a la empresa en un "actor singular" dentro del ecosistema tecnológico, pero podría afrontar "riesgos regulatorios" ante un hipotético escenario de mayor escrutinio sobre el uso de la IA en vigilancia y seguridad.