En contextos vulnerables esto es aún más urgente. Hay niños a los que nadie les hace barra en su casa. Para ellos, un profesor puede ser el único adulto que cree en ellos.
Y esa relación, una sola relación, puede cambiar una trayectoria completa. Investigaciones del Center on the Developing Child de Harvard muestran que una relación significativa con un adulto puede actuar como factor protector frente a múltiples riesgos de exclusión. No es una metáfora.
Es evidencia. No hablo solo desde la teoría. En Eventuras llevamos siete años trabajando en establecimientos vulnerables de Chile con programas validados por CASEL.
Hemos visto comunidades donde las agresiones terminaban en la posta transformarse en espacios donde sí se puede aprender. No porque llegaron más controles. Porque los adultos aprendieron a mirar lo que hay detrás de una conducta difícil antes de castigarla.
Lee también... Cadem: 41% aprueba gestión de José Antonio Kast y 70% respalda plan "Escuelas Protegidas" Jueves 09 Abril, 2026 | 19:13 La tecnología hoy puede resolver ecuaciones y analizar datos mejor que nosotros. Pero hay algo que no puede, y probablemente nunca podrá: hacer que un niño sienta que hay un adulto que cree en él.
Y cuando eso no existe, el aprendizaje simplemente no ocurre. La Ley 21. 809 abre una puerta que Chile no había abierto antes.
Pero si la implementamos desde la fiscalización, las cámaras y los protocolos, vamos a volver a cometer el mismo error: intentar controlar la violencia sin construir las condiciones que la previenen. Si Chile quiere convivencia escolar de verdad, la conversación tiene que empezar por lo más básico y lo más olvidado: lo que pasa entre un adulto y un niño en una sala de clases. Todo lo demás, incluidas las cámaras, viene después.