Mientras eso no ocurra, la demanda interna seguirá a merced del consumo financiado con deuda de las familias, y la multilateralidad seguirá siendo una frase de cancillerías, no una práctica económica. Los $224 billones que hoy están en las AFP no son un fondo de reserva para especuladores, ni menos de Wall Street. Son el fruto del trabajo de millones de chilenos que merecen vivir con dignidad en su vejez y, también, construir el presente que quieren habitar.

El neoliberalismo nos enseñó que el ahorro individual es la única garantía. Pero la historia demuestra lo contrario. El ahorro colectivo, bien invertido, es la única forma de comenzar el proceso de desarrollo cualitativo y cuantitativo.

Por ello, el quinto retiro no es el problema. Es el síntoma de un sistema que nos ha robado la posibilidad de soñar con una vejez tranquila y un país desarrollado. La solución no es retirar o no retirar.

La solución es recuperar la soberanía sobre nuestros ahorros. Y eso, ninguna AFP lo va a proponer jamás. La lástima, es que nuestros gobiernos tampoco.

Ahí, debe entrar el pueblo trabajador y emprendedor.