El riesgo es otro. Cada vez más el ecosistema de la IA se vuelve más dependiente de Nvidia, de que siga generando utilidades y reciclando parte de ese capital de vuelta al ecosistema. Nvidia, a su vez, depende de que ese ecosistema continúe prefiriendo sus chips y servicios.

Y el mercado bursátil depende cada vez más de que Nvidia cumpla con las expectativas y sus acciones sigan subiendo. También hay una creciente dependencia macroeconómica. Según la Reserva Federal de St.

Louis, la inversión en software, equipos de procesamiento e infraestructura de IA representó el 39% del crecimiento marginal del PIB estadounidense en los últimos cuatro trimestres, más que el 28% que aportó todo el sector tecnológico en el peak de la burbuja punto com. Estimaciones de la consultora Renaissance Macro asignan a la inversión en IA y centros de datos tres cuartas partes del crecimiento del PIB en el primer trimestre de 2026. Esa maquinaria depende en gran parte de Nvidia.

Puede que la Fed mueva todavía el precio del dinero; pero hoy Nvidia es capaz de definir el precio, la disponibilidad y la rentabilidad del poder de cómputo. Y, afirma Jensen Huang, el poder de cómputo en la nueva economía se traduce en utilidades y las utilidades definen el crecimiento.