Hermanos y hermanas:Al haber celebrado el 1 de mayo, Día del Trabajo, quiero compartir con ustedes algunas de las reflexiones que el santo Papa Juan Pablo II entregaba al mundo del trabajo en la ciudad de Concepción, y que todavía dan luz a la realidad del trabajo que cada uno(a) realiza. El Papa nos decía: “La formación de una cultura del trabajo constituye un gran reto para la vida de cada cristiano… Esa cultura debe caracterizarse por una gran responsabilidad y amor en la ejecución del trabajo, así como por el pleno reconocimiento de su dignidad… De conformidad con su dignidad humana y cristiana, todo trabajo honrado, intelectual o manual, debe ser realizado en honor de Dios, y con la mayor perfección posible. Hecho así, por humilde e insignificante que parezca, contribuirá al bien del hombre, a ordenar cristianamente las realidades temporales y a manifestar su dimensión divina.
La vida de Jesús en Nazaret nos ofrece la base para una visión del mundo laboral, que debe dar al trabajo aquel significado que tiene a los ojos de Dios. El desafío que plantea hoy el trabajo humano no es solo su organización externa, para que sea ejercido en condiciones verdaderamente humanas, sino, sobre todo, su transformación interior, para que sea realizado como una tarea diaria con plenitud de sentido. En el trabajo se ha de vivir la fe: “Las relaciones humanas y profesionales que implican las labores que realizamos han de alimentar continuamente la conversación con Dios en la oración; los problemas y fracasos a que está expuesto quien ejerce una actividad humana os harán más humildes y comprensivos con los demás.
Los éxitos invitarán a dar gracias. “Conozco muy bien sus preocupaciones… Pienso en la prolongada situación de desempleo de tantos trabajadores… Tampoco me pasa inadvertido el problema de las remuneraciones, que han de tener en cuenta las responsabilidades familiares de cada trabajador; ni tampoco la cuestión del trabajo de las mujeres, que les permita hacer las labores del hogar y cumplir sus deberes de esposas y madres… Conozco también sus legítimas reivindicaciones sindicales, en lo que respecta a la defensa de vuestros derechos. Si bien no hay que olvidar que a los derechos corresponden también unos deberes que cumplir.
…La Iglesia hace suyas las aspiraciones legítimas de justicia, porque sabe que está en juego vuestra dignidad como hombres y como cristianos. ” Amigos trabajadores y trabajadoras en esta Región de O’Higgins, les invito a hacer nuestras estas reflexiones de un hombre que trabajó con sus manos. Él nos dice: “Recuerdo con agradecimiento al Señor aquellos años de trabajo, a menudo monótono y duro, entre tantos compañeros.
Compartíamos a veces el silencio, la fatiga y el sudor; hablábamos de nuestras alegrías y nuestras penas, en confidencia de amigos que sabían comprender, ayudar, disculpar y perdonar”, y que, a la luz de su fe, supo darle un sentido nuevo a su quehacer. Quiera Dios que esto se dé también en nuestras vidas, y que así la labor que cada uno realiza acreciente nuestra dignidad y la alegría de colaborar con nuestro trabajo al bien de todos. ¡Que Dios bendiga el trabajo de cada uno y que a nadie le falte!