El backgammon es el juego de mesa más antiguo de la historia. Algunos plantean que su origen remoto es la ciudad de Ur (2. 600 a.
C) en la Mesopotamia sumeria (actual Irak), otros van más atrás, al inicio de la Edad de Bronce en la parte oriental de la meseta irania donde se encontró un shesh besh, la denominación farsí. El tablero escenifica un enfrentamiento que combina azar y estrategia para mover 15 fichas antes que el rival. Uno de sus principales jugadas consiste en ocupar puntos clave para bloquear todo avance del oponente.
Cuando el Presidente Trump ordenó atacar en conjunto con Israel atracar a Irán 28 de febrero, un escenario casi seguro era que Teherán bloqueara el estrecho de Ormuz. La dirigencia de la república islámica venía advirtiendo desde 2018 -cuando la administración Trump desahució el acuerdo de supervisión al uranio enriquecido iraní- que si era agredida cerraría el paso al tránsito naviero, lo que ocasionaría el trastorno del mercado de las energías. Así, la táctica defensiva irania, en la lógica de confrontación asimétrica, ha significado la reducción de la oferta mundial de crudo, presionando sus precios al alza.
De ese modo, Irán cerró parcialmente el estrecho desde adentro, permitiendo la circulación a los buques que comerciaran en sus puertos para mantener sus compromisos con países como China e India. Aunque Washington había previsto dicho evento, calculaba que dicho bloqueo impulsaría a sus aliados europeos –que suele vilipendiar, y que son altamente dependientes del petróleo del Golfo Pérsico- a plegarse a las maniobras militares de desbloqueo, pero no ocurrió. Después vino la ronda de discursos y posteos amenazantes, antesala de una tregua y una mesa de negociación en Pakistán.
Sin embargo, la última se detuvo, ante lo cual Trump optó por aplicar un doblo cerrojo. Estados Unidos había exigido regresar a la libre navegación del estrecho (además de la entrega de uranio enriquecido y la reducción misilística) para mantener la mesa de negociaciones, aunque Irán sólo consintió un número limitado de naves, previa autorización, y eventual pago. Sobre dicho punto los delegados iraníes en Islamabad demandaron el reconocimiento de control y administración de la “garganta” de Ormuz, incluido el cobro por cada buque que cruzara.
Ante el fin de la mesa de negociación Trump decidió cerrar por fuera a Ormuz, con 15 naves –como las fichas del backgammon- desplegadas en el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. En línea con la doctrina del almirante Mahan, el efecto buscado es evitar que Irán exporte su crudo y reciba suministros e ingresos: un estrangulamiento económico. Desde el enfoque de Sun Tzu, dicha asfixia logística y psicológica a Irán le deja una salida: la posibilidad de seguir negociando, aunque dúctil a las condiciones estadounidenses.
La paradoja es que mientras aquello no ocurra los Estados Unidos se inflingen daño, al presionar al alza el precio del crudo. En tanto, el “juego” de Teherán continúa contemplando tres caminos: reconducir la navegación de los tankers a través de su mar territorial hasta ingresar al espacio marítimo pakistaní y desde allí distribuir el crudo a los destinos comprometidos. Así, puede usar cierta fuerza contra los destructores de Estados Unidos que implementan el bloqueo, bajo el riesgo de escalada bélica casi segura.
Y una apuesta temeraria, convencer a los hutíes del Yemen cerrar otro estrecho, el de Bab el-Mandeb, lo que añadiría la obstrucción de la ruta del Mar Rojo, reduciendo otro 12% al flujo mundial de petróleo: Entonces un triple tapón a dos pasos estratégicos profundizaría globalmente la crisis. En cualquier escenario, las invectivas de hacer desaparecer civilizaciones en una noche se estrellan contra la voluntad de resistencia del adversario.