Otro punto relevante es entender que, en la práctica, parte del beneficio podría ser absorbido por el mercado. Si la demanda aumenta de forma significativa en un periodo acotado, es posible que los precios de los inmuebles se ajusten al alza, reduciendo el impacto real de la medida. No se trata de una certeza, pero sí de un comportamiento económico que ya se ha observado en otras ocasiones.

La clave está en la información. Una política pública de este tipo es positiva si se acompaña de una ciudadanía instruida, capaz de evaluar sus decisiones con criterio financiero y no solo desde la urgencia o la oportunidad aparente. Eliminar el IVA a la vivienda por 12 meses puede representar una oportunidad relevante para muchos hogares y un impulso para el sector inmobiliario.

Pero, como toda buena oportunidad, no se trata solo de aprovecharla, sino de hacerlo bien. Porque al final, más allá del beneficio tributario, la verdadera decisión no es comprar o no comprar. Es saber cuándo, cómo y en qué condiciones hacerlo.

Y ahí la diferencia no la hace el impuesto, sino el nivel de conocimiento con el que se toma la decisión.