El corazón de la iniciativa es una agenda de competitividad tributaria. La reducción del impuesto corporativo, la reintegración del sistema tributario y un estatuto para inversiones que entreguen estabilidad en un plazo de 25 años, busca reposicionar a Chile como destino atractivo para el capital. Es una señal potente en un escenario donde la certeza jurídica y la competitividad son factores decisivos.

“El proyecto de Reconstrucción y Desarrollo Económico abre una ventana de oportunidad, pero será importante conocer en detalle los mecanismo que buscan resguardar los equilibrios fiscales y sociales”. Si estas herramientas logran traducirse en mayor inversión efectiva, podrían convertirse en un punto de inflexión para la economía. Sin embargo, también es una apuesta que contempla grandes desafíos.

La evidencia internacional muestra que la baja de impuestos puede incentivar la inversión, pero difícilmente lo hace en ausencia de mejoras en productividad, capital humano y certezas institucionales más amplias. En esa línea, fortalecer la formación técnica, impulsar la innovación y modernizar el Estado serán elementos clave para consolidar los avances. Algo similar ocurre con los incentivos al empleo formal.

El crédito tributario a la contratación apunta en la dirección correcta, especialmente al focalizarse en pequeñas empresas y trabajadores vulnerables. No obstante, su diseño resultará clave, porque puede transformarse en un subsidio a empleos que de todas formas se habrían creado, sin impacto real en la informalidad. El esfuerzo por reducir trabas regulatorias es destacable.

La llamada permisología ha sido identificada transversalmente como un obstáculo al desarrollo de proyectos. Avanzar hacia procesos más ágiles y predecibles es una condición necesaria para destrabar inversiones, especialmente en sectores estratégicos. En tanto, las medidas de repatriación de capitales y contención del gasto público abren interrogantes relevantes.

La experiencia comparada sugiere que estos mecanismos tienen efectos acotados. Más aún, el ajuste fiscal propuesto parece fragmentado, sin una reforma estructural del gasto que permita sostener en el tiempo los menores ingresos tributarios. Del mismo modo, será importante conocer en detalle los mecanismo que buscan resguardar los equilibrios fiscales y sociales.

La reactivación económica debe ir de la mano con políticas que aseguren que sus beneficios se distribuyan de manera amplia, especialmente hacia los sectores más vulnerables. En definitiva, el proyecto abre una ventana de oportunidad, creando espacios relevantes en la dirección de reimpulsar el crecimiento. El desafío ahora es profundizar y complementar esta agenda, de modo que el país no solo recupere dinamismo, sino que construya una ruta de desarrollo más sólida, inclusiva y sostenible en el tiempo.