Lo que en 1997 nació como un desafío de conectividad básica en condiciones extremas, hoy se ha consolidado como una infraestructura de alta velocidad que redefine la vida en el continente blanco. A dos años del despliegue de la red 5G en la Antártica, la brecha digital con Chile continental parece haberse reducido a su mínima expresión histórica. Según datos proporcionados por Entel, el volumen de navegación en la zona ha experimentado un crecimiento exponencial, multiplicándose por 386 veces en los últimos años.

Este fenómeno ha permitido que tanto residentes como científicos y visitantes operen bajo estándares de red similares a los de cualquier ciudad del país. Durante este bienio de operación de la red, el tráfico de datos acumulado alcanzó los 100 TB. Para dimensionar esta cifra, el volumen equivale a la reproducción de unas 50 mil películas en alta definición, un flujo de información inédito para una de las geografías más aisladas del planeta.

“Nuestro compromiso por conectar cada rincón de Chile va más allá de la infraestructura, se trata de las historias de vida que se habilitan a través de ella”, dice en un comunicado Antonio Büchi, CEO de Grupo Entel. Büchi destaca que las velocidades de descarga actuales son comparables a las de la zona central, logrando una experiencia robusta incluso frente a las inclemencias climáticas. Además, la compañía ha integrado alianzas estratégicas, como el uso del Internet satelital Starlink, para complementar la oferta de conectividad donde no existe infraestructura terrestre.

Pese a la distancia física, los hábitos digitales de quienes habitan la Antártica no difieren mayormente de los del resto de la población. El uso de redes sociales lidera el consumo, funcionando como el principal puente para mitigar el aislamiento social. Actualmente, el 38% de los datos en el territorio antártico viajan a través de la red 5G, lo que representa el 30% del tráfico total concentrado en esta tecnología.

Este despliegue ha permitido optimizar la experiencia frente a las redes tradicionales (4G y 3G), especialmente durante los meses de enero y marzo, cuando la demanda alcanza su punto máximo debido a la temporada de mayor actividad en las bases y el turismo científico.