Estudios previos desarrolladas por el equipo de la Dra. García evidencian que un porcentaje importante de la población presenta Candida albicans en la cavidad oral. Si Helicobacter pylori está en la boca junto a la levadura puede llegar al estómago, y si en él se encuentran ambos microorganismos es muy posible que Candida sea un vector para la transmisión de la bacteria.
Por eso el estómago -como dijo la investigadora- es el área de mayor interés en este proyecto. Brechas de investigación Existen estudios internacionales -muy pocos- que consideran a Candida como posible vector de transmisión de la bacteria, un tema que es necesario desentrañar considerando la alta prevalencia de infección por este patógeno. Se estima que al menos el 50% de la población mundial lleva la bacteria en su estómago, proporción que se eleva al 70% en el caso de nuestro país.
“En los años que llevo trabajando con esta bacteria me he dado cuenta de que, si bien hay avances en muchos aspectos, hay un vacío de conocimientos sobre las vías de transmisión”, aseveró la investigadora. “Tenemos algunas evidencias por microscopía: hemos captado a la bacteria antes y después entrar a la vacuola, que es donde se establece. La bacteria traspasa la pared celular para llegar hasta la vacuola, que incluso se agranda para darle cabida”, contó.
Nuevo enfoque preventivo Pero no es solo eso. La Directora del proyecto indicó que también es necesario establecer el peso de este posible vector entre otros vehículos de transmisión de la bacteria. “Si se piensa que entre el 65 y el 90% del cáncer gástrico es atribuible a Helicobacter pylori, lo que significa que es prevenible, entonces hay que conocer bien la participación de la levadura en su transmisión”, adelantó la especialista.
Si se comprobara que Candida albicans es un vehículo de diseminación, habría que cambiar los enfoques preventivos, apuntando primero al tratamiento de la levadura, proyectó la investigadora. A largo plazo, se espera que estos conocimientos contribuyan al desarrollo de estrategias para limitar la diseminación de Helicobacter pylori y reducir el riesgo de las enfermedades gástricas asociadas a ella.