Bown lideró la organización por más de tres décadas, consolidándose como una de las figuras más influyentes y visionarias de la fruticultura chilena contemporánea. A través de un comunicado oficial, el actual presidente del gremio, Iván Marambio Castaño, expresó el profundo pesar de la industria ante la partida de su emblemático dirigente. La actual solidez de la industria frutícola es el reflejo directo de la visión y el compromiso que Bown dejó impregnado en el quehacer diario del sector.

"Nos duele su partida y agradecemos todo lo que entregó", manifestaron desde la asociación, extendiendo además sus más sinceras condolencias a la familia, amigos y a toda la comunidad frutícola afectada por la pérdida de este referente del agro nacional. ¿Quién fue Ronald Bown? Ronald Bown Fernández, ingeniero comercial de la Universidad Católica de Valparaíso, lideró la Asociación de Exportadores de Frutas de Chile (Asoex) como presidente ejecutivo entre 1990 y 2022, periodo en el que impulsó de manera decisiva la internacionalización del mercado agrícola nacional.

Su gestión estuvo marcada por hitos clave como su participación en una gira diplomática por Europa junto al expresidente Patricio Aylwin en 1992 y la exitosa apertura de los mercados asiáticos, región que se consolidó como el segundo destino de los envíos chilenos al recibir más de 622. 000 toneladas de fruta fresca en la temporada 2019-2020. Bajo su liderazgo Chile se transformó en uno de los principales exportadores de fruta fresca a nivel mundial, logrando un reconocimiento global basado en la calidad, inocuidad y confiabilidad de sus productos.

Sus pares lo recuerdan como un defensor incansable de los fruticultores y una persona íntegra fuertemente comprometida con el desarrollo del país. Uno de los pilares de su legado fue la promoción del diálogo institucional. Ronald Bown fue un articulador clave en la construcción de acuerdos entre el sector público y privado, impulsando políticas, regulaciones y estrategias comerciales que posicionaron a la fruticultura como un motor esencial de la economía chilena.

Su convicción de que el crecimiento sostenible solo se logra mediante la confianza mutua y la cooperación con las autoridades y las comunidades marcó un estándar de gobernanza que trascendió el propio ámbito agrícola.