El resultado electoral reciente demostró algo que debemos mirar con honestidad: las mujeres no votamos como un bloque homogéneo. Muchas mujeres —especialmente aquellas que enfrentan inseguridad económica, precariedad laboral o incertidumbre social— buscan respuestas concretas a problemas cotidianos que el sistema político no ha sabido resolver. Comprender esa complejidad es clave si queremos que la agenda feminista siga siendo una agenda social amplia y no un lenguaje que solo dialogue consigo mismo.

El desafío del feminismo hoy no es menor. Por una parte, debemos defender con convicción los avances obtenidos. La experiencia internacional muestra que los derechos pueden retroceder cuando cambian los equilibrios políticos.

Los discursos antiderechos —que cuestionan la educación sexual, la autonomía reproductiva o incluso la existencia de la desigualdad de género— ya circulan con fuerza en distintos países y también comienzan a instalarse en nuestro debate público. Pero, al mismo tiempo, el feminismo chileno tiene una responsabilidad mayor: seguir siendo una fuerza democrática capaz de proponer futuro. La historia del movimiento feminista en Chile demuestra que cada generación ha sabido recoger las luchas anteriores y proyectarlas hacia nuevos horizontes.

Desde las primeras organizaciones que conquistaron el derecho a voto hasta las movilizaciones masivas de los últimos años, las feministas han ampliado la democracia cuestionando estructuras de poder que parecían inamovibles. Ese legado hoy vuelve a interpelarnos. Este nuevo ciclo político probablemente traerá tensiones, debates y desafíos.

Pero también puede abrir una nueva etapa de reflexión estratégica para los movimientos feministas. Porque la pregunta que tenemos por delante no es solo cómo resistir posibles retrocesos sino cómo seguir transformando las reglas del juego para que la igualdad de género deje de ser una promesa y se convierta en una realidad concreta en la vida cotidiana de las mujeres. Si algo nos enseña la historia es que cuando el feminismo avanza, la democracia también lo hace.

Y por eso, hoy más que nunca, seguimos, queda mucho por avanzar.