Es entendible que existan actores que no estén de acuerdo. Las OTIC, OTEC y muchas organizaciones han construido un negocio alrededor de este sistema. Y no digo que todo sea malo.

Hay programas buenos, equipos serios y experiencias que sí generan valor. Pero también hay un negocio de escala detrás: más cursos, más usuarios, más certificados. Y cuando el incentivo está puesto ahí, es muy difícil que el sistema se obsesione por lo que realmente importa: si la persona aprendió y si ese aprendizaje se nota en su desempeño.

Al final, esto no se trata solo de Sence. Se trata de algo mucho más importante: cómo ayudamos a que las personas desarrollen las habilidades que necesitan para trabajar mejor, decidir mejor y adaptarse a un mundo que cambia todos los días.