La propuesta llegó por correo hace varios años. Una agencia internacional dedicada a conectar marcas con influencers le ofrecía un millón de pesos por un reel de Instagram para promocionar Brasil. El video era simple: bailar frente a cámara.
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Nada más. Sin datos de viaje, sin recomendaciones, sin contexto. Solo aparecer unos segundos en redes sociales.
Fran Opazo, conocida en las redes sociales como Nomad Fran, leyó el mensaje mientras viajaba fuera de Chile. Lo rechazó. Dice que ese tipo de ofertas aparece seguido cuando tienes cientos de miles de seguidores y una cuenta ligada a viajes, pero que nunca le interesó convertir su contenido en algo vacío.
Tampoco aceptó campañas de casinos online. Cuenta que en distintas ocasiones le han ofrecido altas sumas de dinero para promocionar plataformas de apuestas en redes sociales. Siempre dijo que no.
“No me gusta la etiqueta de influencer. Entiendo que la gente me diga así porque tengo seguidores, pero siento que mi trabajo va mucho más allá de crear contenido rápido o viral”, dice. London is Dead Antes de los pasajes baratos, las working holiday y los videos de trenes soviéticos, hubo un blog adolescente sobre música británica.
Se llamaba London is Dead. Fran lo armó cuando todavía iba al colegio. Internet era otro lugar.
GeoCities todavía existía y bastaba una página pequeña, obsesiva y hecha desde una pieza en Chile para conectar con desconocidos en España, Perú o Estados Unidos. La página hablaba de The Smiths, Joy Division y postpunk. Llegó gente.
Después llegaron paquetes. Libros, cintas y cartas desde otros países. Ahí entendió algo que después terminaría definiendo casi toda su vida: internet podía conectar personas que jamás se habían visto.
Lee también... La chilena que llegó a los 19 a España, limpió casas para estudiar y hoy es arquitecta: "Lo conseguí" Sábado 18 Abril, 2026 | 09:45 “Me ha escrito gente para decirme que estudió periodismo inspirada por esa página. Es rarísimo”.
También entendió otra cosa. La exposición tenía costos. Publicó una foto suya y empezaron los ataques.
Cuenta que la molestaban por ir a la Blondie y porque algunos asumían que era “muy pituca” para ciertos espacios. Cerró el sitio. Era demasiado chica para soportar algo así.
“Después me costó mucho crear La Vida Nómade, porque no me gusta la exposición. Pero sí me gusta escribir, hablar y ayudar a la gente”. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por FRAN OPAZO • Viajera y nómada digital ✈❤🌎 (@nomad.
fran) Empezó por una pelea La Vida Nómade – El blog y proyecto digital que creó sobre viajes – no empezó como un plan de vida. Empezó con una pelea. Fue en Costa Rica, durante Semana Santa, junto a un pololo de esa época (2018-2019).
El viaje salió mal desde el principio. Discutieron, calcularon mal el presupuesto y terminaron lejos de cualquier fantasía romántica: hostales baratos, piezas compartidas y calor centroamericano. Pero mientras la relación se desordenaba, algo más empezó a encajar.
“Me di cuenta de que se me daba muy fácil esto de moverme por el mundo. Me creía el cuento al tiro. Conocer gente nueva, compartir habitación, moverme sola”, cuenta Fran.
Volvió a Chile y aceleró todo. Renunció a su trabajo diseñando vestidos de novia y fiesta, terminó la relación y entró a trabajar en cruceros internacionales. Pasó meses arriba de barcos turísticos, rodeada de pasajeros, turnos largos y puertos distintos cada semana.
No le interesaba especialmente esa vida. Quería ahorrar rápido para irse después a Nueva Zelanda con una working holiday. “Me gustó tanto viajar así, de forma libre, que dije: ‘Tengo que convertir esto en una forma de vida’”.
Vivir de viajar Durante años vivió prácticamente dentro de una mochila. Viajaba nueve meses al año. Después llegó la pandemia y apareció una sensación nueva: necesidad de arraigo.
Pasó por Turquía. Ahí conoció a una pareja de catalanes que la invitó a Tarragona. Después apareció un amigo de esos amigos.
Después apareció una relación. Pero insiste en que la decisión de instalarse en Cataluña ya existía antes. “Yo había decidido venir a España antes de conocer a mi pololo”.
Hoy vive cerca de Tarragona, a poco más de 100 kilómetros al sur de Barcelona, y trabaja desde ahí. Su economía funciona como un rompecabezas digital. Marketing de afiliados en el blog.
Comisiones por reservas. Campañas para hoteles y Airbnb. Escritura fantasma.
Redes sociales. Viajes grupales donde acompaña a personas como tour leader. “Tengo colaboraciones mensuales con algunas marcas, pero son marcas que yo usaba antes de trabajar con ellas.
Yo solo recomiendo cosas que realmente uso”. Dice que sí se puede vivir de redes sociales, pero no de cualquier forma. “Si estás todo el tiempo buscando viralidad o fama rápida, es trabajar a corto plazo”.
Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por FRAN OPAZO • Viajera y nómada digital ✈❤🌎 (@nomad. fran) Chicas “good vibes” A Fran Opazo le interesa tomar distancia del contenido perfecto de viajes. Dice que internet ya empezó a cansarse de las cuentas donde todo parece felicidad permanente, playas vacías y gente sonriente las 24 horas del día.
Hace poco tuvo un viaje horrible en Uzbekistán. Se enfermó del estómago, compartió vagón con niños y niñas gritando y terminó agotada. Cree que situaciones así también deberían aparecer en redes sociales.
“Hay viajes incómodos, viajes donde gastas plata de más y viajes donde las cosas salen mal. Igual quiero mostrar eso”. Cuando habla de redes sociales aparece otro concepto: las “good vibes”.
Fran lo usa para describir cierto tipo de creadoras de contenido obsesionadas con caer bien. “Las chicas ‘girls girl’, las ‘buena vibra’. Para mí, esas son las peores”, comenta.
Dice que muchas veces se trata de personajes armados para redes sociales. Personas que parecen cercanas, simpáticas y luminosas frente a cámara, pero que funcionan distinto fuera de internet. “Son amigas de todo el mundo y no son amigas de nadie.
Hacen contenido para caer bien. Y son cero genuinas, porque al final es un personaje. Apagan el teléfono y son malvadas”.
Recuerda una situación puntual. Una bloguera de viajes se le acercó para decirle que era su fan, que amaba todo lo que hacía y que seguía su contenido hace años. A Fran le llamó la atención porque jamás había visto una interacción suya en redes.
Después entendió que repetía exactamente el mismo discurso con distintas personas. “Ahí entendí perfecto lo que era una chica good vibe”, recuerda. También cree que la lógica de ciertos viajes para influencers termina amplificando eso.
Dice que muchas veces todo gira alrededor de quién tiene más seguidores, quién aparece primero o quién consigue grabar antes. “He hecho viajes con influencers y también con periodistas. No digo que uno sea mejor que el otro, pero el enfoque es súper distinto”.
Recuerda un episodio en la Patagonia. Dos influencers rechazaron visitar un emprendimiento porque ahí no podían ducharse con agua caliente. “Y yo pensaba: estamos en mayo, en la Patagonia.
Estas cosas pasan”. También cuenta otra escena que todavía le provoca ruido. Estaban recorriendo un lugar en Punta Arenas cuando una influencer preguntó cómo se llamaba el sitio y escuchó un par de datos básicos.
Minutos después sacó el teléfono y grabó un video mirando a cámara. “‘Chiquillos, estoy en mi lugar favorito de Punta Arenas’. Y yo pensaba: ‘Pero si llegaste hace dos minutos’”.
Cuando habla de viajar, intenta describir otra relación con los lugares. Antes de llegar a un destino, lee sobre historia, contrata guías y busca entender cómo vive la gente. “Soy muy curiosa.
Por eso estudié periodismo”, dice. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por FRAN OPAZO • Viajera y nómada digital ✈❤🌎 (@nomad. fran) Durante años cambió de país como quien cambia de estación.
Australia, cruceros, Turquía, hostales, aeropuertos y piezas compartidas. Después apareció algo que antes no pesaba tanto: la idea de quedarse quieta. Hoy habla de Tarragona como alguien que ya conoce el supermercado del barrio, el clima y los silencios.
Dice que en Cataluña encontró algo parecido a Chile. Gente menos efusiva, más reservada. Una rutina.
“Hoy mi hogar es España. Pero mi corazón siempre va a ser Chile”, afirma. Todavía pasa gran parte del año viajando, pero dice que ahora existe algo distinto cuando vuelve: un lugar al que regresar.
Tiene amigos, familia cercana y una vida armada a poco más de cien kilómetros al sur de Barcelona. Pero hay cosas que todavía no logra reemplazar. “Extraño muchísimo abrir la ventana y ver la cordillera”, dice.