Porque lo que ocurre ahí no es sólo compartir libros. Es gente que prueba su escritura. Es alguien que abre una página subrayada y la vuelve a decir en voz alta.

Es una ronda donde el tiempo se reparte y todos tienen lugar. Como en los buenos libros, no pasa nada espectacular. Y sin embargo, pasa todo.

La invitación es abierta. A quienes ya tienen el hábito y a quienes lo están buscando. A familias, a curiosos, a quienes quieren escuchar.

Afuera, el clima seguirá cambiando. Adentro, alguien va a leer en voz alta. Y eso basta.