El miércoles pasado, el ministro Alvarado tuvo que asumir un rol protagónico para contener el ímpetu de Quiroz y los errores del segundo piso, quienes filtraron el listado de instituciones y programas estatales que serían dados de baja o sufrirían duros recortes. La idea de retirar la alimentación a casi dos millones de niños que lo reciben vía Junaeb, desató la indignación transversal del mundo político, incluida la excandidata Evelyn Matthei, quien calificó lapidariamente “con esto no se juega”. La semana se condimentaría con la renuncia del seremi n°19, la publicación de La Segunda apuntando al exmarido de Steiner -como socio de la ministra- y supuestas defensas a narcotraficantes y el Presidente Kast confundiendo humedales con humedad y diciendo, megáfono en mano, que no se quitarían beneficios sociales, al mismo tiempo que Quiroz anunciaba un drástico recorte en el Ministerio de Desarrollo Social que afectará al servicio de protección infantil, el Injuv, Conadi, el Servicio Nacional de Discapacidad -el día previo Kast estuvo en la Teletón-.

Además, se filtró que Hacienda había “recomendado” recortar el 15% de la Pensión Garantizada Universal, eliminar el bono de invierno y bajar la asignación familiar. En paralelo, en un punto de prensa, una cada vez más nerviosa y disminuida vocera, repetía no se recortarían beneficios y denunciaba una campaña para “meter miedo” con el tema a los chilenos. Ante este desalineamiento y enredos entre los ministros -que topó techo con Poduje- el Presidente ha tenido que salir en defensa de sus colaboradores, lo que, sin duda, debilita su figura y la del Gobierno.

En la práctica, Kast ha pasado a suplir el déficit comunicacional de la administración actuando como un supra vocero que lo expone en tal forma, que termina personalizando los problemas de todo el gobierno. El colapso de La Moneda en estas ultimas dos semanas debería terminar por convencer al Presidente que un cambio de gabinete es una salida necesaria. El costo de los errores y mala gestión de algunos ministros es mucho mayor que tener que ponerse colorado una vez por hacer un cambio de gabinete prematuro.

A propósito, imaginen lo que significaría para el Gobierno tener al frente una oposición empoderada.