En el Gobierno pisaron el freno justo cuando el acelerador ya estaba a fondo. La esperada “megarreforma” de Reconstrucción Nacional —la carta fuerte del arranque de José Antonio Kast— no ingresará este miércoles al Congreso como estaba previsto. ¿La razón?

Dudas internas, presiones cruzadas y un oficialismo que todavía no logra cuadrarse del todo. El encargado de sincerarlo fue el ministro Segpres, José García Ruminot, quien tras reunirse con la bancada PPD-Independientes admitió que el diseño del proyecto sigue en revisión. “Hoy en la noche, a más tardar mañana en la mañana”, se definirá cómo y cuándo entra.

Traducción política: nada está cerrado. El encuentro con la oposición dejó algo claro: hay disposición al diálogo, pero también ruido. Desde el PPD pusieron sobre la mesa sus reparos, especialmente por la rebaja del impuesto de primera categoría y sus efectos fiscales.

El jefe de bancada, Raúl Soto, fue directo: piden dividir el proyecto para evitar que el debate se “contamine” por lo tributario y valoró que el Ejecutivo esté evaluando sacar del paquete medidas sensibles, como el fin de la gratuidad universitaria para mayores de 30 años. Mientras tanto, en Palacio afinan el timing con calculadora política en mano. La urgencia no es menor: el Gobierno quiere tener la reforma aprobada a inicios de septiembre para incorporarla a la Ley de Presupuestos 2027.

El problema es que el proyecto viene cargado —más de 40 medidas entre impuestos, permisología y reconstrucción— y el riesgo de que se empantane en el Congreso es real. Cita en Cerro Castillo Con ese telón de fondo, esta noche el oficialismo se juega una parada clave en el Palacio Presidencial de Cerro Castillo, en Viña del Mar. Será el primer cónclave político desde que Kast llegó a La Moneda, una cita donde el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz —cerebro de la iniciativa—, abrirá los fuegos junto a Interior, Claudio Alvarado, y el propio García Ruminot.

La misión es clara: ordenar la tropa. Porque si algo ha marcado estas primeras semanas es el “fuego amigo” y las diferencias sobre cómo tramitar la reforma. Algunos quieren dividirla; otros, sumarle medidas con impacto inmediato en la clase media para amortiguar el costo político de la rebaja tributaria.

Desde la UDI, el presidente de la Cámara, Jorge Alessandri, empujó esa idea: beneficios directos al bolsillo —como rebajas o deducciones en salud y educación— para equilibrar la balanza. En la misma línea, según consigna La Tercera, el senador Sergio Gahona advirtió que la clave es no dejar fuera a la clase media. Más duro fue el timonel gremialista, Guillermo Ramírez: la rebaja del impuesto corporativo es “irrenunciable”.

En paralelo, en el oficialismo también asoma la autocrítica. El diputado republicano Benjamín Moreno reconoció que falta afinar coordinación y la relación interna entre el Gobierno y sus propios parlamentarios. Traducción: hay apoyo, pero no cheque en blanco.

Así, el Ejecutivo llega al cónclave con una mezcla de urgencia y fragilidad. Necesita alinear a los suyos, bajar las revoluciones del debate y evitar que su proyecto estrella naufrague antes siquiera de tocar el agua. La cadena nacional de este miércoles —donde Kast presentará el plan— será el primer test.

Pero el verdadero partido recién empieza en el Congreso.