Tal vez porque viví muchos años en dictadura, la verdad es que a mí sí me gustan las ceremonias de cambio de mando. Son días en que todo está programado, imperan las tradiciones, se celebra la democracia. Somos parte de un momento histórico.
A todos nos importa el país y cada uno quiere que quien salga electo, lo haga lo mejor posible. Así es con los Gobiernos, el que se va y el que llega, se dan la mano: y el mundo civilizado celebra esta austera tradición. Que pena que, ese importante día, una ONG prefiera ignorar nuestras celebraciones cívicas: cuando se agradece al que se va y se le desea suerte al que llega.
Yo crecí idolatrando a Greenpeace y a sus voluntarios que, a bordo del barco Rainbow Warrior, combatían la caza de ballenas. Que pena que hoy se gasten millones en campañas publicitarias inoportunas, y que buscan aguar la fiesta de la democracia.