Sin contrato de mantención, sin una sala de control operativa y dependiendo, durante años de un solo computador para monitorear la red. Así ha funcionado —o intentado funcionar— el sistema de semáforos en el centro de Chillán, cuya descoordinación hoy se traduce en congestión diaria para miles de conductores. Según explica el ingeniero en Tránsito Henry Ojeda, parte del equipo que participó en el diseño original del proyecto, la red de semáforos implementada en la década pasada quedó incompleta desde su origen.
Se construyó la conexión con una red de fibra óptica entre distintos cruces dentro de las cuatro avenidas, pero no se incluyó la sala de control que debía operar el sistema de manera integral. El resultado fue un modelo que funcionó a medias desde el inicio. Durante un tiempo, la operación se sostuvo con apenas un computador instalado en dependencias municipales, que permitía visualizar el estado de los cruces y hacer ajustes básicos gracias a un conjunto de lucecitas.
Una solución parche, porque “si había luces verdes era porque estaban los semáforos operativos; y si se ponían rojas, era porque algo había pasado, y eso era todo lo que podíamos controlar”, añade. Con el paso de los años, el problema se profundizó. La red de fibra óptica (instalada bajo veredas) comenzó a deteriorarse producto de múltiples intervenciones urbanas: obras sanitarias, trabajos viales, conexiones particulares.
Cada excavación implicó un riesgo, y en muchos casos, un corte definitivo. Hoy, según detalla Ojeda, gran parte de esa red está interrumpida. De cerca de 60 intersecciones que originalmente estaban conectadas, más de 40 presentan fallas de comunicación.
En términos simples: los semáforos dejaron de “hablarse” entre sí. Y sin comunicación, no hay coordinación posible, pero esto tampoco se puede arreglar por el momento, porque tampoco existe un contrato de mantención que permita reparar de forma sistemática estas conexiones. Sin esa base, cualquier intento de sincronización se vuelve limitado, y la red sigue operando de manera fragmentada.
El escenario resulta, a lo menos, irónico. Una ciudad que invirtió en una red de semáforos para ordenar su tránsito, pero que omitió , o postergó, el componente que le daba sentido su control centralizado. Un nuevo proyecto de la seremi Ahora, tanto desde el ámbito técnico como desde las propias fuentes, se hace una precisión relevante: esta situación no es atribuible a la actual administración municipal (que es dueña de los semáforos), ni a la Seremi de Transportes (entidad que controla la totalidad de éstos) Se trata de un problema que se arrastra desde la implementación original del sistema, cuando Chillán aún dependía administrativamente del Biobío y las decisiones se tomaban a otra escala.
Hoy, desde la Seremi, en tanto, se explica que la modificación de tiempos semafóricos requiere análisis técnicos rigurosos, considerando variables como flujo vehicular, seguridad y tiempos de desplazamiento. También se informó que recientemente se adjudicó un proyecto destinado a restablecer las comunicaciones entre semáforos, lo que permitiría avanzar hacia una gestión más dinámica del sistema. Mientras ese proceso se concreta, los equipos continúan realizando ajustes en terreno para responder a situaciones puntuales.