Un reciente informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) volvió a instalar el debate sobre la eficacia de la homeopatía a nivel internacional, al concluir de forma categórica que solo actúa como placebo y que representa un riesgo para la salud cuando reemplaza tratamientos médicos efectivos. El estudio, basado en el análisis de 64 revisiones sistemáticas publicadas desde 2009, determinó que la evidencia positiva existente presenta, en su mayoría, problemas metodológicos que desaparecen al aumentar el rigor. Incluso, desde el punto de vista científico, el informe señala que los principios de esta práctica chocan con las bases de la física y la farmacología moderna.
Sobre este punto, el documento explica que en una dilución de 12 CH —donde el proceso de mezcla se repite doce veces— es matemáticamente imposible que quede siquiera una molécula del ingrediente original. Incluso en niveles menos extremos como el 6 CH, comunes en la homeopatía, el informe utiliza una comparación demoledora: su eficacia equivale a intentar disolver un solo sobre de azúcar en todo el mar Mediterráneo. Una mirada que comparte el docente del Diplomado en Gestión en Farmacia Asistencial de la Universidad Autónoma, Felipe Vera, quien fuera asesor en políticas farmacéuticas y tecnologías sanitarias en el Minsal entre 2022 y 2026.
“Desde una perspectiva científica la homeopatía no tiene una validez terapéutica real. El informe de la AEMPS no es un documento sesgado; es una revisión estructurada y oficial de un organismo técnico ampliamente validado”. El problema no es el producto, sino su uso Más allá de la falta de evidencia, Vera enfatiza que el principal riesgo no está en el producto en sí, sino en las decisiones que toman los pacientes al optar por estas terapias.
“En la práctica clínica y en la red asistencial, es un fenómeno conocido y documentado a nivel internacional. Pacientes con cáncer en etapas iniciales que postergan la quimioterapia, o personas con hipertensión que suspenden su tratamiento antihipertensivo”, explica. A su juicio, este fenómeno es particularmente complejo en Chile, donde los sistemas de farmacovigilancia no están diseñados para detectar el llamado “daño por omisión”, es decir, el perjuicio que ocurre cuando un paciente abandona o retrasa un tratamiento eficaz.
A esto se suma la percepción de que lo “natural” es sinónimo de inocuidad. “Mucha gente asocia ‘natural’ con ‘inocuo’. Esto afecta directamente la adherencia terapéutica, porque el paciente cree que no está asumiendo ningún riesgo”, advierte el experto.
Chile: regulación ambigua El docente plantea que, a diferencia de lo que ocurre en Europa, en Chile persiste una regulación que entrega señales equívocas a la población. Actualmente, los productos homeopáticos en el país pueden obtener registro sanitario sin demostrar eficacia terapéutica, lo que genera confusión en los pacientes. “Por una parte, un producto tiene registro y se interpreta como que funciona.
Pero, por otra parte, la evidencia ha mostrado lo contrario”, sostiene. A nivel normativo, en Chile, bajo el Decreto N. º 19 de 2009, la homeopatía es reconocida como práctica médica alternativa.
Tras la publicación del informe, la autoridad sanitaria española ordenó el retiro de productos homeopáticos. Medidas similares han sido adoptadas en países como Australia, Estados Unidos y Francia, donde se exige advertir explícitamente la falta de respaldo científico. Chile, en cambio, mantiene una regulación que apunta en sentido contrario.
“En Chile se permite que los distribuidores incluyan indicaciones de uso sin respaldo de eficacia. Tomemos como ejemplo todo lo que exigimos a los medicamentos (tradicionales) para poder obtener un registro y declarar una indicación terapéutica: ¿por qué debería ser diferente para la homeopatía? ”, cuestiona Vera.
No obstante, el experto descarta que el debate deba centrarse en una mayor restricción. “Aquí no se trata de prohibir una terapia ni de criminalizar la homeopatía. Sin embargo, no podemos recomendar algo que no ha demostrado funcionar.
Un etiquetado honesto que señale que el producto no cuenta con evidencia científica de eficacia no restringe el mercado ni limita la autonomía del consumidor; simplemente entrega la información necesaria para decidir”, concluye Vera.