Este día sábado comienza a regir en Chile, el llamado horario de invierno según el calendario oficial, cuando el reloj marque las 00:00 horas del domingo 5 de abril, se deberá atrasar una hora. De este modo, volverá a marcar las 23:00 del sábado. El decreto 224 señala que durante el invierno el país debe retomar su horario estándar UTC-4.
En lo concreto, los chilenos deben atrasar sus relojes en una hora (60 minutos). Esta modificación no se aplicará en la Región de Aysén ni en la de Magallanes y la Antártica Chilena. En el caso de Chile Insular, incluyendo Isla de Pascua e Isla Salas y Gómez, el ajuste deberá realizarse a las 22:00 horas del mismo sábado.
Este cambio en nuestro país rige desde el año 1968. El autor de la idea fue Edinson Román, un ingeniero de la empresa Chilectra, una antigua empresa distribuidora eléctrica. Así se permitirá aprovechar mejor la luz durante las mañanas.
Sin embargo, también provocará que el anochecer llegue más temprano. Así, las jornadas percibirán días más cortos. El horario de invierno (UTC-4) se adapta a la disminución de la luz de día y permite que los trabajadores y estudiantes salgan desde sus casas durante las mañanas con un amanecer más iluminado; y el horario de verano (UTC-3) extiende la luz de la tarde para realizar actividades al aire libre hasta más tarde.
IMPACTO EN LA POBLACIÓN: Al respecto, especialistas de la Universidad de Chile alertan impacto en apetito, ánimo y sueño. *El cambio de hora no impacta solo el descanso: Especialistas explican que esta modificación también puede alterar los ritmos biológicos que regulan cuándo sentimos hambre, a qué hora comemos y cómo responde el organismo frente a la alimentación. *Apetito y horarios de comida bajo desajuste: Uno de los puntos más novedosos es que el cambio horario puede desordenar las señales internas asociadas al hambre y la saciedad, afectando las rutinas alimentarias en los días posteriores al ajuste.
*Sueño, ánimo y alimentación están conectados: La nota muestra que dormir mal o desfasarse del reloj biológico no solo repercute en el cansancio o la irritabilidad, sino también en la relación con la comida y en la regulación cotidiana del organismo. *El efecto puede sentirse especialmente en los primeros días: La adaptación al nuevo horario puede traducirse en dificultades para dormir, somnolencia diurna, cambios en el ánimo y alteraciones en los tiempos habituales de alimentación. *Hay grupos más sensibles a este cambio: Niños, personas mayores y quienes ya presentan trastornos del sueño o rutinas irregulares pueden resentir con mayor intensidad estos efectos.
En fin, sólo resta adaptarse y seguir el ritmo de vida normal.