Señor Director: A propósito de la columna publicada por Darío Paya y Carl Meacham sobre “IA soberana en Chile”, el 1 de abril, es relevante que el país comience a discutir el rol que busca en la economía de la inteligencia artificial. Y es pertinente ampliar la mirada. La soberanía incluye infraestructura de cómputo local, pero la evidencia internacional indica que el valor se genera también, y con mayor peso, en capas como aplicaciones, talento e integración productiva.
En IA, esto implica formar capital humano avanzado, desarrollar emprendimientos, aprovechar datos e impulsar la adopción en sectores estratégicos como minería, energía, salud, servicios financieros y comercio. Es en esa articulación donde se define la competitividad. Chile presenta ventajas relevantes: energía renovable, apertura económica y estabilidad institucional.
Pese a esto, persisten brechas en talento digital y en la adopción tecnológica en las PYME. Más que optar entre infraestructura o capacidades, el desafío es avanzar de forma equilibrada. De lo contrario, se limita la captura de valor.
La soberanía en IA puede entenderse como la capacidad de participar activamente en esta economía: atraer inversión, formar talento y escalar soluciones. No se trata solo de dónde están los servidores, sino de cómo se utilizan.