Llevamos años hablando de transformación digital. Las empresas han modernizado sistemas, han actualizado plataformas, digitalizado procesos, contratado expertos en TI. Creímos que eso era suficiente, pero la inteligencia artificial vino a demostrar que no lo era.

ChilePeajes.cl
PRO

Calcula Peajes y Combustible

Reportes PDFMapa de peajesHasta 9 ejesTags Baja·Alta
Calcular →

Porque la IA no se traduce en un departamento de expertos ni en herramientas para escribir mejor; tampoco es el nuevo Google ni una mejora sustancial de lo que ya hacíamos. Es cómo la empresa va a crear valor en un mundo donde la inteligencia ya no es exclusivamente humana. Hoy casi todas las empresas usan inteligencia artificial, pero muchas aún no dimensionan lo que se viene.

Por ejemplo, antes de la Revolución Industrial, difícilmente alguien habría imaginado una máquina lavadora, y no porque no hubiera demanda para lavar ropa, sino porque todavía no existía el marco tecnológico que permitía pensar en ella. Con la IA puede ocurrir algo similar, su mayor impacto no estará solo en automatizar tareas, sino en transformar los modelos de negocio y la forma en que las empresas crean valor. Por eso hablar de IA no es una conversación operativa, sino estratégica.

El problema es que esa conversación no está ocurriendo con la profundidad que se requiere, quizás porque llevamos tanto tiempo hablando de inteligencia artificial que hemos normalizado algo que aún es desconocido y cuyo mayor impacto todavía está por venir. Y las señales están ahí para quien quiera verlas. La IA está transformando industrias enteras y ningún modelo de negocio debiera asumir que permanecerá intacto.

Algunas empresas han entendido la magnitud de esta transformación y están adaptando sus modelos. Otras avanzan rápidamente, pero sin una dirección clara. Y otras aun no reaccionan.

El resultado es una carrera asimétrica en la que la ventaja no estará solo en adoptar IA, sino en la capacidad de rediseñar el negocio con una gobernanza capaz de acompañar ese cambio. Netflix no desplazó a Blockbuster siendo más eficiente en el arriendo de películas, sino rediseñando completamente el modelo de negocio. La IA le está dando hoy a las empresas esa misma oportunidad y, al mismo tiempo, el mismo riesgo de quedarse siendo Blockbuster.

En un entorno donde la IA acelera las decisiones, amplifica riesgos y aumenta la incertidumbre, se requieren mayores capacidades de criterio, juicio y anticipación, para asegurar la sostenibilidad del negocio y responder a las crecientes exigencias de reguladores, inversionistas y stakeholders. Adaptarse exigirá a la administración redefinir estructuras organizacionales, procesos, estrategias de precios y roles, además de comprender cómo cambiará la forma de trabajar, qué talentos serán necesarios, qué nuevos riesgos surgirán, qué controles deberán implementar y cómo fortalecer ámbitos como la ciberseguridad y la gestión de datos, propios y de terceros. El directorio, en tanto, debe marcar el rumbo y ejercer una supervisión efectiva, velando porque estos cambios se aborden con oportunidad, con una adecuada lectura de riesgos y los controles necesarios.

No se trata de evitar errores, sino también asegurarse de la empresa que no llegue tarde a las que sí debe tomar. Y en esa transición, la confianza se vuelve un factor clave. La IA puede crear valor, pero si se implementa sin criterio también puede erosionar la confianza que sostiene la relación con sus grupos de interés.

Las empresas serán responsables de construirla (o perderla), dependiendo de cómo la implementen, de la transparencia con que comuniquen su uso y de la capacidad de equilibrar velocidad con criterio e integridad. En este contexto, el directorio debería estar haciéndose preguntas clave: ¿Cómo cambiará la IA nuestra creación de valor? ¿Qué parte de nuestro negocio podría dejar de tener sentido?

¿Estamos usando IA para ser más eficientes o para construir el futuro? ¿Qué decisiones deben seguir dependiendo del juicio humano? ¿Estamos avanzando con la velocidad y los controles adecuados?

Estamos todos en esto, aprendiendo a entender cómo usar la inteligencia artificial a nuestro favor, y probablemente nadie tenga aún todas las respuestas. Pero liderarán quienes comprendan antes que modernizarse es una condición para mantenerse competitivos. Y eso implica mucho más que incorporar tecnología o parecer innovadores.

Si una empresa no ha incorporado estos cambios en su estrategia en el corto plazo, probablemente ya se quedó atrás. La IA está redefiniendo las reglas con las que las empresas competirán en el futuro y, en ese escenario, quedarse inmóvil también es una decisión: la de ceder el paso a otros.