La actividad neuronal en el hipocampo, que juega un papel importante en la representación de la memoria, también volvió a un estado pasado. Esto muestra que el circuito actúa como un “interruptor neuronal” que selecciona la información más reciente necesaria para “refrescar” el recuerdo. Cerebro en línea y fuera de línea El equipo de investigación también analizó el rendimiento de la memoria de acuerdo con los estados de actividad cerebral.

Nuestro cerebro cambia repetidamente entre un “estado en línea” (ondas theta, vale decir, ondas cerebrales activadas durante el aprendizaje y la concentración), en el que procesa activamente la información, y un “estado fuera de línea” (ondas delta, es decir, ondas cerebrales lentas que aparecen durante el sueño o el descanso), que es un estado de reposo. El análisis mostró que cuanto más tiempo se mantenía el estado en línea, mejores recuerdos recientes se tenía, mientras que los cambios frecuentes entre estados en línea y fuera de línea reducían significativamente la capacidad de recuperación de memoria. Esto sugiere que los ritmos y estados cerebrales específicos son indicadores neurobiológicos importantes que determinan la recuperación efectiva de la memoria.

Los investigadores esperan que este descubrimiento pueda conducir al desarrollo de nuevas tecnologías terapéuticas para mejorar el deterioro de la memoria y reducir la flexibilidad cognitiva en pacientes con enfermedades cerebrales degenerativas como la demencia y la enfermedad de Alzheimer. “Este estudio presenta un nuevo paradigma para comprender el principio por el cual nuestro cerebro organiza y utiliza numerosas experiencias en orden cronológico. Anteriormente, la recuperación de la memoria se entendía simplemente como la repetición de rastros almacenados, pero, a través de este experimento, demostramos que el cerebro tiene un sistema regulador que selecciona activamente información reciente entre los recuerdos en competencia”, señaló el profesor Jin-Hee Han.

Mito o Verdad: no hay nada mejor que la siesta ¿Estás agotado o agotada aunque aún no es hora de ir a la cama? Pero tienes la seguridad de que, si te tendieras unos momentos y pudieras cerrar los ojos durante 30 minutos, todo iría mucho mejor. Porque no hay nada mejor que la siesta, ¿verdad?

Pero no. Según una nueva investigación, la siesta diurna es un factor de riesgo de muerte. El artículo fue publicado en JAMA Network Open y fueron evaluados los hábitos de siesta de 1338 adultos mayores (promedio de 81 años) y se relacionaron esos comportamientos con la mortalidad general.

Estos datos proceden del Rush Memory and Aging Project, un estudio prospectivo de cohortes de personas mayores de Illinois, reclutadas principalmente en comunidades de jubilados, residencias de la tercera edad y grupos parroquiales. De ellos, 99% había tomado una siesta regularmente en los últimos días. Siestas frecuentes Estudios previos señalan que entre 20% y 60% de las personas mayores duerme al menos una siesta durante el día.

Sin embargo, muchos de los datos anteriores se basaban en la autoevaluación. Y la autoevaluación de los hábitos de sueño es poco fiable. El elemento distintivo de este estudio es el uso de datos de actigrafía de muñeca (un pequeño sensor que mide los patrones de sueño y vigilia durante periodos prolongados).

Al inicio del estudio, los participantes llevaban un dispositivo similar a este. Entre todos los factores medidos, se analizaron la frecuencia de las siestas y su variabilidad: ¿tienen las siestas una duración constante o varían mucho? Y también el momento en que se hacen las siestas: ¿la persona duerme por la mañana, a primera hora de la tarde o a última hora de la tarde?

Todos estos son posibles factores de exposición que pueden estar relacionados con el resultado de interés, en este caso la mortalidad por cualquier causa, la cual, durante un seguimiento medio de 8 años, se produjo en 70% de la población. Los resultados reportan que, por cada hora adicional de siesta durante el día, la tasa de mortalidad aumentaba un 13%. Es decir, una hora adicional de siesta equivalía al riesgo de mortalidad adicional que supone ser 1,1 años mayor.

La frecuencia de las siestas también se asoció con la muerte. Cada siesta adicional aumentaba 7% la tasa de mortalidad, similar al riesgo de ser 0,6 años mayor. Curiosamente, la variabilidad en la duración de la siesta no se asoció de manera significativa con la mortalidad.

¿Cuál es el mayor riesgo asociado a la siesta? El momento en que se realiza. En comparación con las personas que dormían la siesta a primera hora de la tarde, aquellas que lo hacían por la mañana presentaban una tasa de mortalidad 30% mayor, el mismo aumento del riesgo que se observaría con 2,5 años más de edad.

Por supuesto, es probable que las personas que duermen la siesta con más frecuencia padezcan afecciones de salud diferentes a las de quienes lo hacen con menos frecuencia y que, tal vez, tengan un sueño nocturno más alterado. Los autores tuvieron esto en cuenta y los datos se ajustaron en función de lo arrojado por la actigrafía nocturna, así como de una serie de otros posibles factores de confusión: IMC, síntomas depresivos, actividad física, número de enfermedades crónicas, discapacidad y uso de medicación. El profesor adjunto del Departamento de Medicina de Yale, Dr.

F. Perry Wilson, responde una pregunta de fondo: ¿es la observación de que la siesta tiene una relación estadística con la mortalidad una mera correlación o se trata de causalidad? “Esto, porque si la siesta aumenta el riesgo de muerte –un factor causal–, deberíamos decir a las personas que no duerman la siesta.

Si la siesta es meramente un signo de un problema subyacente, entonces no necesitamos arruinar lo que en realidad podría ser un mecanismo compensatorio y reparador”, señala Wilson. “Este artículo no nos da la respuesta, pero, a pesar del ajuste multivariable, me cuesta creer que exista aquí una verdadera relación causal”, añade. El contexto de la siesta también es claramente importante.

Se produce una baja circadiana a primera hora de la tarde, con disminución de la energía y descenso de la temperatura corporal. Muchas culturas del mundo hacen la siesta durante este nadir y los datos de este estudio indican que ese tipo de siesta puede ser beneficiosa. Más bien son las siestas de primera hora de la mañana –cuando, en teoría, se debería tener mucha energía para afrontar el día– las que constituyen el verdadero factor de riesgo.

Estas pueden ser una señal de advertencia de un problema subyacente que requiere una evaluación más exhaustiva. En resumen, si tú o un ser querido están tomando una siesta cuando el reloj aún marca la mañana, no se lo tomen a la ligera. Lo + útil: cómo prevenir las hemorroides Las hemorroides no son un tema muy “sexy”, ni del que se hable abiertamente, pero es de los problemas más comunes que aquejan a hombres y mujeres.

Aproximadamente la mitad de todas las personas a nivel mundial tiene hemorroides a los 50 años. Los problemas de las mujeres pueden comenzar antes, durante el embarazo. La presión del feto en el abdomen, así como los cambios hormonales, hacen que las venas hemorroidales se hinchen.

Estas venas también se ponen bajo una presión severa durante el nacimiento del bebé. Para la mayoría de las mujeres, tales hemorroides no duran mucho. ¿Por qué hablar de esto ahora?

Porque la Asociación Americana de Gastroenterología (AGA) acaba de publicar una actualización sobre el diagnóstico y tratamiento de esta condición. El documento destaca que, no obstante la prevalencia de las hemorroides, estas no son bien tratadas, a pesar de que el manejo efectivo comienza con cambios de estilo de vida simples y accesibles. Los siguientes son los consejos a seguir según la AGA: Los cambios en el estilo de vida son lo primero: aumentar la fibra en la dieta.

Come más frutas frescas, verduras de hoja y panes integrales y cereales (especialmente salvado). Beber de seis a ocho vasos de líquido (no alcohol) cada día, junto con reducir el tiempo y el esfuerzo en el WC son los tratamientos iniciales más efectivos. Poblaciones especiales: las hemorroides son comunes durante el embarazo y generalmente se manejan de forma conservadora con dieta y alivio de los síntomas.

Los remedios comunes carecen de pruebas sólidas: los tratamientos ampliamente utilizados como los baños de asiento y los productos tópicos de venta libre pueden proporcionar alivio, pero los datos que respaldan su eficacia son limitados. Usa esteroides tópicos con precaución: estos productos no deben usarse por más de dos semanas, debido al riesgo de adelgazamiento e irritación de la piel. El diagnóstico adecuado importa: se recomienda un examen físico, a menudo que incluya anoscopia, para confirmar las hemorroides antes de comenzar el tratamiento.

Cuándo escalar la atención: las hemorroides persistentes o graves pueden requerir procedimientos como vendaje o cirugía. Siempre consulta un especialista. Aquí finaliza esta edición de Efecto Placebo, espero que te hayas entretenido.

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