Sobre las experiencias vividas en contextos educativos, May Durán recordó que como estudiante de ciclo básico tuvo que lidiar con “barreras sensoriales y de estructura, de anticipación, de entender lo que va a pasar y cuándo; también con la mediación adulta en espacios de convivencia libre, como los recreos, ya que allí hay muchas cosas que afectan a las personas autistas”. Además, relató que como adolescente tuvo que enmascarar de forma extrema su condición para ser parte del grupo. Al mismo tiempo, señaló que hace mucha falta la educación sexual integral, ya que “las personas autistas, por la literalidad y la ingenuidad, es una población mucho más expuesta a situaciones de abuso y de violencia vinculares”.
Igualmente, la profesional recalcó que una barrera en su vida universitaria fue la necesidad casi obligatoria de ser autónoma. “Por otro lado, viví rechazo social asociado al talento”. May no solo es autista, sino que vive con TDA y alta capacidad intelectual.
“Muchas veces viví el aislamiento por destacar académicamente. Por lo tanto, tuve que decidir entre destacarme en los estudios y habitar la soledad, o esconder mis habilidades y ser parte del grupo”. La educadora destacó que falta mucho para lograr la verdadera integración.
“La política pública no es suficiente si no se acompaña de estrategias coherentes para que los contextos se transformen, porque no se trata de un problema individual. Por supuesto yo como persona autista voy a terapia y me someto a cosas más individuales, pero no va a cambiar el panorama si el contexto no se transforma”.