Mientras el mercado seguía de cerca la reapertura del estrecho de Ormuz, las acciones de Intel en Wall Street mantuvieron el impulso alcista que han mostrado durante abril. De este modo, han vuelto a niveles no vistos desde el 31 de agosto del 2000 -cuando logró su máximo histórico cercano a los US$ 79-, en medio de un renovado optimismo del mercado sobre su proceso de recuperación. Así, a las 11:15 AM de Chile, el papel alcanzó un máximo intradiario de US$ 70,35 en un rally que lo tiene acumulando alzas cercanas al 90% en lo que va del año.

El impulso ha estado marcado por una seguidilla de catalizadores. Entre ellos, la recompra de parte de su planta en Irlanda por US$14. 200 millones; su incorporación al proyecto Terafab junto a empresas como Tesla y SpaceX; y acuerdos estratégicos como el compromiso de Google de utilizar futuras generaciones de procesadores Xeon.

Lo anterior ha reforzado la tesis de que la compañía podría recuperar protagonismo en la industria de semiconductores, sobre todo, en el ciclo de inversión en inteligencia artificial. "Hay muchos catalizadores a corto plazo", dijo a Bloomberg el analista de investigación de Gabelli Funds, Ryuta Makino. Agregó que está "bastante seguro" en que la compañía anunciará este año un cliente externo para su división Foundry, en línea con las especulaciones de Wall Street de que Intel podría trabajar con empresas como Apple Inc.

o Nvidia Corp. , líder en chips de inteligencia artificial y que el año pasado invirtió en la compañía. Sin embargo, el fuerte repunte bursátil abre una brecha con los fundamentos actuales del negocio.

Según un informe de XTB Latam, el rally de Intel se ha transformado en uno de los movimientos más agresivos del año dentro del sector, agregando más de US$100. 000 millones en valor en apenas nueve sesiones. El mercado, advierten, “está reescribiendo de forma acelerada el caso de inversión”, apostando a una recuperación que todavía no se refleja plenamente en ingresos ni márgenes.

En esa línea, el reporte subraya que la mejora bursátil contrasta con una base operativa aún débil. Los ingresos de la compañía han mostrado caídas interanuales y las proyecciones de utilidades siguen siendo acotadas, lo que sugiere que gran parte de la valorización actual responde a expectativas futuras más que a resultados concretos. En otras palabras, el mercado está pagando por una historia de turnaround antes de que esta se materialice.

Esto eleva la sensibilidad del papel a cualquier decepción en resultados o ejecución, en un contexto donde el próximo gran test será la capacidad de traducir su narrativa estratégica en mejoras efectivas de márgenes y utilidades. Así, mientras el mercado celebra el regreso de Intel a la conversación estratégica global, el desafío, según analistas, pasa por validar si la ejecución puede alcanzar el ritmo de la acción.