Si hablamos de Aprendizaje Digital, resulta ineludible preguntarnos cómo estamos preparando a las nuevas generaciones para convivir con la inteligencia artificial. Esta tecnología no es una promesa futura, sino una realidad instalada; por ello, más que restringirla, el desafío es enseñar su uso crítico, ético y responsable. Desde la academia, es necesario incorporar progresivamente competencias digitales en la educación escolar, al mismo nivel que el pensamiento crítico.
El riesgo de un uso indiscriminado es evidente: la dependencia excesiva de la inteligencia artificial puede debilitar la autonomía y la capacidad de resolver problemas. Por lo mismo, la alfabetización digital debe orientarse a fortalecer la creatividad, el juicio ético y la comprensión profunda, de modo que la tecnología complemente —y no sustituya— el aprendizaje. Cabe entonces preguntarse si avanzaremos hacia su integración en el currículo escolar con un claro sentido público.
Este desafío trasciende lo pedagógico y exige una reflexión más amplia sobre cómo organizamos nuestros sistemas educativos y nuestras instituciones ante tecnologías que transforman aceleradamente la forma de aprender, trabajar y pensar.