14 Abril 2026 La guerra de Irán ha convocado enorme atenciónsobre la estabilidad regional, el mercado petrolero y la ejecución de lasoperaciones militares mismas, o más bien sobre sus propósitos y efectos. La estabilidad regional es y ha sido frágil. El régimen iraní es ciertamente una de sus fuentes, toda vez que suele promoveractores violentos en el exterior.

No obstante, el mayor peligro emergente no esla exportación de violencia de manera soterrada —algo que realizaregularmente—, sino el eventual colapso de la gobernabilidad. Si Irán terminasecomo Libia, un país fraccionado, empobrecido y violento tras la caída deGadafi, podría mutar en una zona carente de orden. Por ello, la permanencia de un régimenopresivo podría no ser el peor de los escenarios.

Eliminar un gobierno tiránicono garantiza un sucesor más benigno (recordar la caída del Sha en los setenta). Fue por esa posibilidad que occidente comulgó con gobiernos autoritarios,especialmente durante la guerra fría, como manera de prevenir regímenestotalitarios, fanáticos o la anarquía. Cuando renunció a dicha posibilidad afavor de un cambio de régimen, sobrevinieron casos como la guerra civil enSiria.

El petróleo que sale por el estrecho de Ormuzes ciertamente relevante para Asia y Europa. Por allí se exporta la mayorproporción de la producción de Iraq, Irán y los países del Golfo. Pero, almargen de quién compra directamente ese producto, los mercados globales sufrende la escasez, dada la baja elasticidad en el corto plazo.

Al margen de laelectrificación y creciente uso de fuente renovables, la industria global aúndepende masivamente de él como materia prima y energía. Las operaciones militares en Irán se hanlimitado hasta ahora al dominio del aire y el bombardeo de objetivos medianteaeronaves, misiles y drones; al control de la costa y destrucción dedeterminados buques e instalaciones costeras; y al empleo de fuerzasespeciales. La idea de una invasión en tierra, al estilo de Iraq o Afganistán,se presenta como una demasiado costosa, larga e impopular.

En su lugar, podríaacabar como las intervenciones en Venezuela o Siria (primer mandato Trump):acciones predominantemente a distancia, sin ocupación de territorio y, porende, sin control total sobre los designios del gobierno local. ¿Entonces el gobierno de EEUU no previó nadade esto? Puede ser que la hoja de ruta nunca estuviera complemente planeada,sino, siguiendo a Katzenstein y Seybert, que esto pertenezca más bien a lallamada política protea.

La acción no está destinada a cumplir un propósitoclaramente definido, sino a quebrar inercias abriendo oportunidades de acción. El objetivo inmediato es permitir al gobernante, en este caso Donald Trump, maniobrarsi las circunstancias que se abren son favorables, dado que se considera a símismo hábil para hacerlo (al margen de que lo sea o no). Ello podría explicarla apertura de tantos escenarios (Venezuela, Groenlandia, Canadá), sin lo quepareciera un plan maestro; pero, a fin de cuentas, ¿se cumplió el plan enAfganistán, Libia, Iraq o Corea del Norte?

Actuar así, sin embargo, demandacruzar límites que otros actores no se han atrevido a pisar, obteniendoresultados y pagando costos que los antecesores no obtuvieron ni enfrentaron. Pero el resultado para irán es que, salvo unaacción de grupos internos, esta operación podría distar mucho de garantizar uncambio de régimen. SebastiánBriones Razeto AcadémicoFacultad de Gobierno, U.