La Administración del presidente Donald Trump insistió en que cualquier cese de hostilidades debe acordarse directamente entre los dos gobiernos, con la mediación de Estados Unidos, y no por vías paralelas. A la salida de la reunión, en el Departamento de Estado, el embajador israelí afirmó que las conversaciones demostraron que su país y el Líbano están "unidos" en la lucha contra Hezbollah. Las conversaciones se producen tras seis semanas de enfrentamientos entre Hezbollah e Israel en territorio libanés, que han dejado más de 2.

000 muertos y más de un millón de desplazados debido a los ataques e incursiones israelíes, que el Gobierno de Benjamín Netanyahu justifica por el lanzamiento de cohetes del grupo islamista. Israel se ha negado a incluir al Líbano dentro de la tregua que Estados Unidos declaró con Irán la semana pasada y ha continuado con los ataques en territorio libanés, incluido este martes, mientras se celebraba la reunión en Washington. Las discrepancias entre ambas delegaciones son grandes, puesto que el Gobierno libanés pide un alto el fuego inmediato que permita un diálogo más amplio, pero Israel lo descarta y exige el desarme total de Hezbollah y la creación de una "zona de seguridad" en el sur del Líbano que le permita controlar la franja entre la frontera y el río Litani.

El líder de Hezbollah, Naim Qassem, rechazó el lunes las conversaciones "sin sentido" con Israel y consideró que un cambio de estrategia como este requiere un previo consenso interno entre los libaneses. Al iniciar el encuentro, Marco Rubio calificó la reunión de "oportunidad histórica" y afirmó que no solo se trata de abordar un posible alto el fuego sino "una solución permanente a 20 o 30 años de influencia de Hezbollah" en la región.