En julio de 2023, cuando La Moneda y el Frente Amplio estaban arrinconados por el escándalo del caso Convenios, Pablo Paredes -director de la Secom del gobierno de Gabriel Boric- acudió a un viejo conocido de las oficinas del ala sur de Palacio. Así, el periodista Juan Carvajal se instaló como parte de un comité de crisis que buscó manejar las salidas políticas y comunicacionales derivadas del lío de platas entre distintos ministerios y fundaciones sin fines de lucro, en que se vieron implicadas varias figuras de gobierno. Se quedó como asesor externo hasta finales del período, cuando se sumó en reserva al equipo de campaña de la candidata Jeannette Jara (PC).
“El de Boric es un gobierno que comenzó con errores comunicacionales, pero que se ordenó en el camino. En el año inicial tuvo muchas críticas hacia las comunicaciones y hacia su conducción comunicacional, pero en los tres años posteriores no las tuvo. Entonces, las críticas se concentraron en problemas de gestión, en problemas políticos, por ejemplo, lo de la casa de Allende y otros”, relata sobre esa etapa, “marcada por una generación que no tenía experiencia de gobierno, tuvo que asumirla en el camino, y creo que lo hizo bien”, afirma.
Carvajal sabe por experiencia propia lo difícil que puede ser para un gobierno construir un relato que sostenga y fortalezca, cuestión que vivió como director de la Secom en el gobierno de Bachelet I y luego con Boric. Para él, trabajar con la expresidenta fue más fácil. “Somos parte de la misma generación.
Veníamos de la misma experiencia política, la clandestinidad, el exilio. Ambos vivimos en la RDA”, asegura. Ya fuera de La Moneda, es crítico de lo que ha sido el inicio del gobierno de Kast.
Sobre todo, de la “arrogancia” que -afirma- transmiten las nuevas autoridades y del concepto del gobierno de emergencia que, dice, fue exitoso en campaña, pero ahora es un relato que “los aplasta”. Llegó a la Secom a mediados del 2023 para reforzar las comunicaciones en medio del escándalo por el caso Convenios. ¿Con qué situación se encontró en La Moneda?
Cuando tú enfrentas un problema, es global, no es un problema aislado. Es decir, aquí no está el tema de las comunicaciones, acá el tema de la gestión, allá el tema de la decisión. Si uno no lo enfrenta globalmente desde el inicio, sólo tendrás problemas.
Cuando yo llegué, había ese problema. Había un tremendo conflicto en un estamento político que llegó al poder y que no se había imaginado por sus principios, por sus lealtades, por sus posiciones políticas, que podía ocurrirle algo así. Los golpeó muy duro, porque tenía que ver con las críticas que ese mismo sector hacía a la generación más antigua, a los gobiernos anteriores.
El sentir que estaban acusados de actos de corrupción era terrible. Rápidamente se tuvo que tomar nota de esto y creo que hubo un cambio positivo. Se logró aislar el conflicto, se logró personalizar en los casos que correspondían, los responsables quedaron y siguen estando presos por sus delitos.
Y hasta ahí llegó el tema. Ahora no quiero que se entienda esto como el resultado de mi gestión, es el proceso de maduración que tiene un contingente que llega a La Moneda y que luego se da cuenta de que el gobierno es “un monstruo grande y pisa fuerte”, como dice León Gieco. ¿No hubo un daño irreparable a la imagen de esa generación que llegó criticando precisamente ese tipo de actos?
Los daños irreparables en países como Chile son irreparables y después se olvida que son irreparables. Es cosa de ver la vida de varios políticos... Creo que esa generación aprendió de gobernar y que si les tocara una experiencia parecida de nuevo no harían jamás lo mismo que hicieron al principio.
Y serían mucho más convocantes. Cosa que al principio no fue así. Boric hizo una autocrítica de varios episodios de su gobierno.
De la lista de errores comunicacionales, ¿cuál fue, a su juicio, el más severo? El primer gran error fueron los 12 indultados. Ese tema, junto con el viaje de Izkia Siches a Temucuicui, reflejaron claramente un golpe muy fuerte para quienes pensaban que el solo haber llegado ya significaba una especie de conducta distinta del chileno medio, y eso no ocurrió.
Le pasó como a este gobierno de Kast. Siendo asesor de la Secom, le tocó enfrentar otro gran golpe, como fue el caso Monsalve. ¿Por qué costó tanto controlar esa crisis?
Algo como lo del exsubsecretario del Interior no está dentro del cálculo ni de la posibilidad de ninguna fuerza política, de ningún gobierno. Pensar en que uno puede controlar esa crisis desde el punto de vista del impacto que tiene es casi imposible, más aún cuando vienes de un sector como la izquierda, en el que se supone que el reconocimiento de los derechos de la mujer es algo fundamental. Si uno lo proyecta en el tiempo, fue más breve el periodo de crisis que los daños que generaron.
Quizás lo más terrible, lo que grafica de mejor manera fue esa hora y tanto que el propio presidente Boric dio un punto de prensa. Eso revela y refleja cuál es su perfil. Es una persona leal, honesta y dispuesta a explicar las cosas, porque yo creo que él legítima y auténticamente pensaba que si explicaba el problema los demás lo iban a entender.
Y el mundo moderno de las comunicaciones no funciona así. A mi juicio, ese es el mejor reflejo de que el gobierno lo tomó como algo que se iba a entender, que era el delito de una persona que tuvo un cargo estratégico. El propio Boric hizo un mea culpa por el episodio...
Es que por supuesto que fue un error. No había explicación posible frente al tema. Podría haber sido una conferencia de tres horas y no habría tenido un resultado distinto.
Yo creo que eso refleja mucho el sentir que tenía el presidente frente a un tema que lo debe haber impresionado muchísimo desde el inicio. ¿La inexperiencia en el trabajo gubernamental es algo que une a los gobiernos de Boric y de Kast? Con Boric llegó una generación nueva, joven, pero totalmente inexperta, que no pensaba que iba a ganar las elecciones.
Con Kast llegó una vieja guardia, pero que no era la derecha que tenía experiencia en política. No, llegó una derecha inexperta y que tampoco tenía muy claro, hasta el último tramo de la campaña, que iba a ganar las elecciones. La diferencia es que esta es la primera vez que Chile está experimentando lo que es un gobierno de ultraderecha.
¿Cómo evalúa el despliegue comunicacional del gobierno de Kast en estas tres primeras semanas de instalación? Tengo una visión crítica. Es imposible entender la comunicación estratégica en un gobierno si uno no la toma como un conjunto que incorpora gestión, decisión política, comunicación, y en los casos que tenga que ver, como el alza de las bencinas, con economía.
Si estas cinco cosas no están interrelacionadas, no funcionan. A la luz de los hechos, debo deducir que el alza de las bencinas no fue una cosa interrelacionada, porque tampoco se percibe dónde estuvo la evaluación política en esta decisión. Algo clave era entender que esta medida iba a tener un impacto social muy grande, generando un alza de precios en otras áreas.
A mi juicio, había otras maneras de abordarlo, era posible generar una manera de que los sectores políticos y sociales entendieran esto. Pero no se hizo nada de eso, ni con el Parlamento, ni con sindicatos, ni con organizaciones sociales, ni con los partidos. Por lo tanto, la comunicación solo podía ser desastrosa.
Hubo un problema grande de comunicación, sí. Pero la génesis de este problema viene mal desde su origen. ¿A qué se refiere?
Voy a hacer un paralelo. Este gobierno asumió con algo similar a lo que vivió en su primer momento Boric. Y es su falta de experiencia en el gobierno.
Y dos, su arrogancia. Esta era una vieja guardia, la ultraderecha que siempre fue arrogante, que criticaba a la derecha tradicional como la derecha débil, cobarde, acomplejada. Decía ‘ahora llegamos nosotros, vamos a hacer las cosas bien y las vamos a hacer de una’.
El déficit principal que veo es la arrogancia. Fíjate que primera vez que veo que el gobierno de Kast dice “nos equivocamos” con la frase del país en quiebra, y si uno mira para atrás en su campaña, nunca reconocieron un error. Segundo error grave, los gobiernos no son una carrera de velocidad, son una carrera de resistencia.
Uno tiene que avanzar, pero tienes cuatro años en los que debes planificar el empezar lo mejor posible, pero terminar igual o mejor de lo que empezaste. ¿No cree en la idea de que los gobiernos que llegan tienen que tratar de impulsar las medidas más duras lo antes posible, porque después tal vez no tengan el respaldo para hacerlo? Es que ahí viene el tercer problema.
Porque soy de los que creen que esta generación de la vieja guardia tampoco pensó que iba a ganar la elección y solo en el tramo final empezó a subir en las encuestas y dijeron ahora ‘ahora sí’, e hicieron una narrativa de la que hoy día son presas. Kast está capturado por su narrativa. Reconozco que fue una estrategia exitosa en la campaña, pero hoy día esa narrativa los aplasta.
En términos coloquiales, no veo mucha diferencia entre la narrativa del país que se cae a pedazos y la idea de que está en quiebra. El nuevo gobierno llegó con la necesidad de explicar lo que él mismo instaló. Nunca hemos tenido claro qué es el gobierno de emergencia, cuánto va a durar.
¿Cuánto tiempo se puede sostener un concepto así? Creo que ya se agotaron muchas cosas. Este gobierno empezó sin tener un diseño claro que le diera fuerza y fundamento al gobierno de emergencia.
¿Cómo un gobierno de emergencia, que pone como prioridad la seguridad va a querer bajar 72 mil millones de pesos a seguridad y quitar la posibilidad de tener más carros policiales, más elementos para Carabineros y la PDI? No calza una cosa con la otra. Después corrigen eso, pero ¿por qué lo corrigen?
¿Ve improvisación por parte del gobierno? Claramente. Tenemos un gobierno que no tenía el libreto claro, que no tenía la narrativa de ser gobierno y que, por lo tanto, tomó la narrativa de la campaña y la siguió aplicando.
Cristián Valenzuela, quien es la persona que dirige este cuento, se quedó con ese libreto. ¿Qué riesgos corre el gobierno de mantener el mismo relato de la campaña? Corre todos los riesgos.
De partida, la idea del gobierno de emergencia viene de una campaña en la que se planteó la idea del país que se cae a pedazos y eso ya le trajo como consecuencia el error del Estado en quiebra, pero va a seguir trayéndoles consecuencias. Porque es una especie de zapato chino, ya no puedes salirte de esa definición. Este gobierno se generó una impronta y va a tener que responder frente a esa propia impronta.
Y como no llegó con un diseño, va a quedar amarrado al que se generó en campaña, cuando lo lógico es que en campaña no cuesta nada ser oposición, se puede decir cualquier cosa y no tiene costo. Dos, si esa narrativa no contempla que un gobierno no trate de ser un gobierno de todos los chilenos, estamos en otro problema. Porque se van creando situaciones que van polarizando, que están demostrando cada vez más que este es un gobierno muy ideologizado.
En poco más de dos semanas, Kast ya sufrió la mayor caída de popularidad de que se tenga registro desde la recuperación de la democracia. ¿Se puede remontar una bajada tan estrepitosa? Me da risa, porque siempre hay discurso para tratar de justificar.
Ahora dicen que este es un gobierno que no se preocupa de leer las encuestas, dicen: no estamos gobernando para ser populares. La caída es estrepitosa. Pero, además, no toma nota de lo siguiente: los votos de Kast en primera vuelta fueron 24%, ese es el apoyo de su base dura, y todo lo que conquistó después fue en su contienda en contra de Jara.
Por lo tanto, ya se está desprendiendo del sector que lo apoyó y creyó como mejor alternativa. Si me preguntas si es posible revertir una caída, claro que es posible. Pero con la arrogancia con que actúan los nuevos habitantes de La Moneda es muy difícil.
Aquí la prueba de fuego es si la ultraderecha es capaz de asumir un error o de asumir que ellos llegaron a enfrentar una situación, un trabajo hacia el país, dentro de un gobierno al que no conocían de verdad. Ese es el problema, cuánto se demorará esta generación, que está bastante más avanzada en edad que la administración anterior, en darse cuenta de que los problemas son más complejos de lo que parecen, que los tiempos deben medirse a lo que es la realidad de un gobierno. No sé cuán rápidos sean para entender eso.
¿Qué tan compleja es la situación que enfrenta la ministra Mara Sedini? Ser vocero de un gobierno es una cosa muy seria. Camila Vallejo no solo fue diputada, dirigente estudiantil destacada, dirigente de su partido, ¿qué quiero decir con esto?
Que cuando asumió Camila Vallejo como vocera se la eligió por esas características, porque lo que dice un vocero o una vocera es palabra de La Moneda. Cuando alguien no tiene la experiencia, y en este caso Mara Sedini no la tiene, no tiene la formación política que se requiere para enfrentar con matices distintas cosas que son complejas, para empatizar con situaciones en las que se requiere o ser súper claro y riguroso en determinadas otras cosas, estamos en un problema. El vocero o la vocera no se puede equivocar.