En una jornada marcada por la tensión política en La Moneda, el presidente Kast realizó este martes el cambio de gabinete más rápido de la historia reciente, removiendo a dos de las figuras más cuestionadas de su administración: las ministras Trinidad Steinert y Mara Sedini, quienes alcanzaron a permanecer solo 69 días en sus respectivos cargos. «No esperaba hacer este cambio», señaló el mandatario. El ajuste ministerial se produce en medio de crecientes críticas a la gestión del Ejecutivo y de semanas de presión desde distintos sectores oficialistas y de oposición, que apuntaban a errores comunicacionales, conflictos internos y dificultades para contener la agenda política del Gobierno.

También que, antes del 21 de mayo, saldría el informe de Contraloría en contra de Steinert por la solicitud de remoción en la PDI. La salida de ambas secretarias de Estado representa el primer gran remezón del gabinete de Kast desde el inicio de su mandato y busca reordenar políticamente al Ejecutivo en un escenario marcado por la baja aprobación en las encuestas y la necesidad de fortalecer la conducción gubernamental. Uno de los movimientos más relevantes será el del actual ministro del Interior, Claudio Alvarado, quien asumirá además la vocería de Gobierno, transformándose oficialmente en biministro y concentrando dos de las áreas estratégicas del Ejecutivo.

La decisión refleja la confianza del Presidente en Alvarado, considerado uno de los personeros con mayor experiencia política dentro del gabinete. El mismo esquema se replicará con el ministro de Transportes, Louis de Grange, quien sumará la conducción del Ministerio de Obras Públicas tras la salida de Martín Arrau de esa cartera. De esta manera, De Grange quedará a cargo de dos ministerios clave para la agenda de infraestructura y conectividad del Gobierno.

En tanto, Martín Arrau será trasladado al Ministerio de Seguridad Pública, en una señal que busca reforzar el control del Ejecutivo sobre una de las principales preocupaciones ciudadanas: el combate contra la delincuencia y el crimen organizado. El ajuste fue interpretado en el oficialismo como una señal de urgencia política por parte del Presidente, quien optó por una reorganización rápida y concentrada antes de que la crisis escalara dentro de su coalición. Con este movimiento, Kast apuesta a fortalecer el núcleo duro de su administración y reducir el costo político provocado por las permanentes controversias que acompañaron a Steinert y Sedini durante sus poco más de dos meses en el gabinete.

La oposición, en tanto, calificó el cambio como una muestra de improvisación y cuestionó la estabilidad del equipo de Gobierno, mientras desde el oficialismo defendieron la decisión asegurando que “era necesario corregir a tiempo” para enfrentar la segunda etapa de la administración.