La adolescencia es una etapa crítica para el desarrollo de la corteza pre-frontal, aquella que regula procesos como la capacidad de planificar, enfocarnos y dirigir nuestro comportamiento hacia metas específicas. Recientemente, un equipo de investigación chileno logró un avance crucial para entender el impacto de las drogas en el desarrollo cerebral de los jóvenes. El estudio determinó que el consumo de ketamina —una de las sustancias de abuso más populares entre los adolescentes del país— altera de forma duradera la corteza prefrontal, la zona del cerebro encargada de tomar decisiones y procesar el pensamiento complejo.
Al respecto, el investigador del Núcleo de Neuroepigenética y Plasticidad EpiNeuro, y académico de la U. de Valparaíso, Marco Fuenzalida -quien lideró el estudio-, explicó que los resultados muestran que la ketamina actúa como antagonista de los receptores NMDAR, canales iónicos críticos en el sistema nervioso, y su consumo durante la adolescencia deja una huella duradera en los circuitos prefrontales en sujetos adultos. Lo anterior, porque disminuye la inhibición mediada por las interneuronas GABAérgicas (neuronas inhibitorias claves en el sistema nervioso central) del tipo Parvalbumina positivas (PV), provocando un deterioro de la plasticidad sináptica en la corteza prefrontal.
La investigación tomó tres años de trabajo teórico y experimental, y en él se utilizaron herramientas de electrofisiología (patch-clamp) para registrar la actividad de neuronas individuales, farmacología y análisis de la transmisión sináptica basados en IA, además del uso de modelos de laboratorio genéticamente modificados. El siguiente paso: Revertir el daño Tras identificar el problema, los científicos ya trabajan en la solución. Actualmente, el laboratorio utiliza técnicas de «quimiogenética» (receptores diseñados artificialmente que se activan con fármacos) y moduladores neuronales específicos para reactivar estas interneuronas dañadas.
Los primeros resultados en el laboratorio son prometedores: el equipo ya ha logrado la actividad de interneuronas PV. Ahora, el próximo paso de la investigación será aplicar estas herramientas en modelos de laboratorio para tratar de revertir por completo los daños cognitivos y de memoria causados por el consumo de ketamina durante la juventud.