El exbrigadier del Ejército y exagente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Miguel Krassnoff Martchenko volvió a ser procesado por el secuestro de miembros del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) ocurridos durante la dictadura de Augusto Pinochet. En esta oportunidad, la ministra en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de San Miguel, Marianela Cifuentes Alarcón, dictó auto de procesamiento en contra de Krassnoff—quien ya acumula más de mil años de prisión— y otros cuatro represores: Pedro Octavio Espinoza Bravo, Rolf Gonzalo Wenderoth Pozo, Fernando Eduardo Lauriani Maturana y Gerardo Ernesto Godoy García, tras ser imputados como autores de seis delitos consumados de secuestro calificado, ilícitos perpetrados entre febrero y septiembre de 1975 en las comunas de La Cisterna, San Miguel y San Bernardo. En concreto, los cinco exagentes responden como autores del secuestro de J.
A. S. V..
Además, Wenderoth, Krassnoff, Lauriani y Godoy enfrentan cargos por las detenciones ilegales de H. A. E.
C. , L. A.
R. M. , S.
G. P. R.
, M. E. G.
R. , y N. R.
V. L. La investigación de la ministra Cifuentes logró reunir antecedentes suficientes para reconstruir los tormentos padecidos por las víctimas.
Los hechos, que la resolución da por establecidos, describen un patrón sistemático de violencia: tras ser detenidos ilegalmente en sus domicilios o lugares de estudio, todos los prisioneros eran conducidos al centro clandestino de detención “Villa Grimaldi”. Allí permanecían encerrados durante días, sometidos a interrogatorios y a un calvario que incluía golpes, desnudamiento, aplicación de electricidad, quemaduras con cigarrillos, amenazas y, en algunos casos, la tortura en presencia de sus familiares. Luego, algunos eran derivados a otros recintos como “Cuatro Álamos”, “Tres Álamos”, “Ritoque” o “Puchuncaví”.
El fallo detalla uno a uno esos episodios. Por ejemplo, sobre el caso de J. A.
S. V. , señala que fue detenido el 7 de febrero de 1975 en La Cisterna y trasladado a Villa Grimaldi, donde “fue sometido reiteradamente a interrogatorios y malos tratos físicos y psicológicos, tales como, golpes, aplicación de electricidad, presenciar las torturas infligidas a su padre y amenazas”.
En otro de los puntos, la ministra establece que S. G. P.
R, profesora y cónyuge de otro detenido (L. A. R.
M), fue quemada con cigarrillos y sometida a electricidad “incluso en presencia de su marido”. El marco de estos crímenes, añade la resolución, era la DINA bajo el mando del coronel Manuel Contreras, con Villa Grimaldi a cargo del mayor Marcelo Moren Brito, secundado por Krassnoff como jefe de la agrupación Halcón, Lauriani al mando del grupo Vampiro y Godoy liderando el grupo Tucán. Defensa de Kast a Krassnoff Más allá de las múltiples sentencias en su contra, Krassnoff, conocido como “El ruso”, y quien cumple sus más de 1.
000 años de prisión en el ex Punta Peuco —hoy cárcel de Til TIl— nunca ha reconocido su participación en los crímenes cometidos bajo el mando de la DINA durante la dictadura. Sin embargo, ha sido defendido por actores políticos de la derecha y pinochetistas, como es el caso de José Antonio Kast. En 2017, durante una entrevista con T13 Radio, Kast minimizó los cargos que pesan sobre el represor al calificarlos como “cosas que se dicen de él”.
El entonces candidato presidencial justificó su postura relatando su encuentro personal con Krassnoff en la cárcel. “Me regaló su libro y plantea su versión de los hechos. Conozco a Miguel Krassnoff y viéndolo, no creo todas las cosas que se dicen de él”, afirmó, en un intento por validar la versión del exmilitar: “Yo no cuestiono que se hayan cometido delitos, violaciones a los derechos humanos, eso no lo cuestiono.
Lo que cuestiono son los procesamientos”, agregó, quien en la actualidad ejerce la Presidencia de Chile. Con este nuevo procesamiento, la justicia chilena vuelve a confrontar esa visión, reafirmando que los responsables de la maquinaria de terror de la DINA siguen siendo sujetos de investigación y sanción, sin importar los intentos por relativizar sus crímenes.