Esta declaración, además de demostrar poco relato y capacidad argumentativa, en el fondo está revelando una idea preconcebida muy propia de la modernidad simple y occidental, la cual, en algún momento, se consideró como superada (con el auge de los movimientos progresistas), demostrando así que nos encontramos en un periodo de plena disputa o de cambio de época. Además, se visualiza un menosprecio por las políticas y movimientos medioambientales en beneficio de la promesa del crecimiento económico. En definitiva, son políticas que han olvidado la importancia de la animalidad no solo para el ecosistema del que somos parte, sino para nuestro propio desarrollo como seres racionales.
El filósofo Alasdair MacIntyre, un comunitarista de fines del siglo XX, desarrolla una crítica al respecto, en donde comenta que, a pesar de que los seres humanos somos una especie especialmente vulnerable y dependiente de los demás, la filosofía tradicional no ha desarrollado debidamente esta perspectiva. Justamente esta dependencia, la cual Aristóteles habría ya reconocido en su tan famoso “zoon politikon” es la evidencia de que somos parte del reino animal. Los seres humanos, al igual que los animales domésticos, silvestres y salvajes, estamos expuestos a enfermedades, debilidades y necesidades fisiológicas, esto nos hace depender de un grupo o comunidad, que es nuestra familia en la primera infancia y los grupos sociales que vamos construyendo durante nuestro desarrollo y crecimiento.
Otra de las formas que tenemos para reconocer esta debilidad es la capacidad que tenemos de legislar y generar derechos que nos permiten ser reconocidos como iguales ante los otros. Esto, de alguna forma, nos protege frente a las adversidades que podemos experimentar en nuestra vida. Como comenta MacIntyre, para desarrollarnos completamente como seres racionales, debemos tener en cuenta las virtudes y debilidades de nuestra propia animalidad.
Negar, por tanto, la protección racional y legal al ecosistema ambiental es negar una parte de nosotros y a quienes conviven a nuestro lado. En ese sentido, hay una negación del reconocimiento del otro y si bien estas políticas están afectando lo que se suele identificar como seres inferiores ¿cuándo, justamente, se verán afectados otros grupos de los cuales algunos se sienten superiores?