En medio del debate por la propuesta de rebajar el impuesto corporativo, ha vuelto a la discusión la aplicación práctica de la famosa Curva de Laffer. Si bien la idea de una relación inversa entre la tasa de impuesto y la recaudación tributaria había sido planteada antes por David Hume y Adam Smith, se dice que fue el economista estadounidense Arthur Laffer, quien elevó esta discusión al papel que hoy ocupa. El citado economista dibujó una curva, partiendo de una tasa impositiva cero, en la cual la recaudación, obviamente, es inexistente.
Los aumentos en las tasas incrementan la recaudación, pero llega un punto máximo y posterior a este en que las alzas de tasas reducen los ingresos del Estado. Este fenómeno se debe a que las tasas muy elevadas son un desincentivo para obtener y/o declarar nuevos ingresos. Laffer desprende de ello que las reducciones en las tasas impositivas marginales podrían incrementar los ingresos fiscales.
“Las reducciones de impuestos a las empresas pueden generar resultados en el crecimiento, pero su estimación es incierta. El tiempo es determinante”. La curva, con forma de parábola hacia abajo, muestra dos elementos que son indubitables: si la tasa impositiva es cero, no hay recaudación; por el contrario, si el tipo impositivo es 100%, tampoco la habrá.
Lo que ha suscitado discusión académica es lo que sucede entre esos dos puntos. Supuestamente, hay una tasa óptima, que genera el máximo de recaudación con una tasa mínima. El problema, dicen los críticos, es que nunca se ha sabido dónde está este punto.
Laffer fue asesor de Política Económica del Gobierno de Ronald Reagan, entre 1981 y 1989. Durante este período, la tasa del impuesto corporativo disminuyó de 48% a 34%. La actividad económica efectivamente creció, con un alza de 26% del PNB en todo el período.
Sin embargo, simultáneamente, aumentó el gasto fiscal, especialmente por el mayor gasto militar, debido al fin de la guerra fría. En ese marco, la administración Reagan será recordada como una de las que elevó fuertemente el déficit. La literatura que analiza el período sostiene que no hay consenso respecto de la política de bajar impuestos, ni siquiera sobre si fue o no el motor del crecimiento económico, que algunos atribuyen al gasto gubernamental.
Por tanto, trasladar en forma mecánica la teoría de Laffer a la realidad de Chile, no parece razonable. Pese a ello, si el economista pudiera ver la realidad del país, nos recomendaría transitar hacia una rebaja escalonada. Su curva muestra un punto de máxima eficiencia que podría existir, pero que no sabemos con certeza calcular.
Aun así, es posible obtener algunas lecciones. En primer lugar, las reducciones de impuestos a las empresas pueden generar algún resultado en el crecimiento, pero su estimación es incierta. En segundo lugar, el tiempo es un factor determinante.
Las rebajas impositivas, de producir el incentivo para invertir, toman tiempo. En tercer lugar, y por lo anterior, la gradualidad de estas rebajas es recomendable para diagnosticar el comportamiento de los agentes económicos. Y, en cuarto lugar, los menores ingresos no pueden ir acompañados de mayores gastos.