Porque la democracia no se hereda; se construye todos los días. En este escenario también debemos enfrentar con decisión lo que denomino la teoría de las “3P”: polarización extrema, populismo y post verdad. La polarización destruye el diálogo.

El populismo debilita las instituciones. Y la post verdad transforma la mentira en una herramienta política permanente. Las tres están dañando seriamente las democracias del mundo, y Chile no está inmune.

Por eso el desafío no es solamente electoral. Es social, cultural y profundamente humano. Necesitamos recuperar la confianza de la ciudadanía y volver a construir comunidad.

Porque la política no puede vivir encerrada entre cuatro paredes mientras las familias enfrentan solas la inseguridad, el abandono y la incertidumbre. La democracia no se perderá de un día para otro. Se perderá el día en que la política deje definitivamente de escuchar a su pueblo.

Y si las fuerzas democráticas abandonamos los territorios, otros ocuparán ese espacio con odio, mentira y división. Por eso tengo una convicción clara: la política vale solamente cuando vuelve a mirar a las personas a los ojos y se atreve a caminar junto a ellas, no delante ni desde lejos.