La democracia necesita debate y opiniones diversas, pero también exige responsabilidad, y quienes representan a la ciudadanía tienen el deber de cuidar las instituciones y velar por la estabilidad de nuestro país. Chile necesita acuerdos, certezas y capacidad de respuesta frente a las urgencias reales de las familias. Miles de personas esperan soluciones concretas, no cálculos políticos ni bloqueos permanentes, pues la reconstrucción no puede transformarse en otra víctima de la polarización.
Cuando la política deja de confiar en el diálogo y empieza a apostar por la obstrucción permanente, se erosiona la convivencia democrática. Y Chile ya sabe lo doloroso, complejo y el daño que provoca vivir en un clima de inestabilidad constante. Queremos un país donde nadie crea que puede reemplazar la voluntad popular expresada en las urnas y en las instituciones.
Defender la democracia también significa defender sus límites. Porque sin reglas comunes y sin gobernabilidad, siempre termina perdiendo la ciudadanía.