Este domingo 3 de mayo, la Diócesis de San Felipe vivió un momento de profunda alegría con la ordenación sacerdotal de Nicolás Ignacio Flores Lazcano, celebrada en el Templo Catedral, que se vio repleto de fieles que llegaron para acompañarlo en este importante paso de su vida vocacional. La Eucaristía fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, y contó con la presencia del obispo auxiliar de Santiago, monseñor Luis Migone Reppeto, quien fuera director espiritual del nuevo sacerdote durante su formación en el Seminario Pontificio Mayor. La celebración reunió a cerca de 800 personas, entre familiares, amigos, comunidades parroquiales donde Nicolás realizó su servicio pastoral, compañeros de seminario, algunos ya sacerdotes y otros en proceso formativo, además del presbiterio diocesano, diáconos permanentes y un significativo grupo de monaguillos.
Desde el inicio, la celebración fue presentada como un verdadero don para la Iglesia local, destacando el camino vocacional del nuevo presbítero como una respuesta generosa al llamado de Dios, en un proceso de formación que lo ha llevado a configurarse con Cristo, el Buen Pastor. En su homilía, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez subrayó que el ministerio de Nicolás es fruto de la oración de muchas personas que han acompañado su vocación. Asimismo, lo exhortó a vivir su sacerdocio como un verdadero servicio, recordándole que está llamado a ser un «alter Christus»; es decir, otro Cristo en la entrega, en el ministerio y en el misterio de la cruz.
«El sacerdocio es un don y no un oficio», expresó el obispo, invitándolo a ejercer su ministerio desde el poder del amor y no desde el amor al poder. A la luz del Evangelio –»Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida»-, lo animó a recorrer un camino de santificación, siendo mediador de la gracia y cercano a las necesidades del pueblo de Dios. Durante la celebración, Nicolás manifestó públicamente su voluntad de recibir el ministerio sacerdotal, comprometiéndose a servir fielmente a la Iglesia, anunciar el Evangelio y vivir unido a Cristo para la salvación de los hombres.
El momento central se vivió con la imposición de manos del obispo y de los sacerdotes presentes, junto a la oración consecratoria, mediante la cual fue constituido presbítero. Al finalizar la Eucaristía, el padre Nicolás dirigió unas emotivas palabras, en las que recorrió su camino vocacional y agradeció a quienes han sido parte de este proceso. Destacó especialmente la oración de las Hermanas Carmelitas de Auco, el acompañamiento de su familia recordando con cariño a sus abuelos, y a todos quienes han sostenido su vocación a lo largo del tiempo.
Finalmente, encomendó su ministerio a la oración de la comunidad, pidiendo ser un buen pastor al servicio del pueblo de Dios. Tras la celebración, los asistentes fueron invitados a compartir un fraterno ágape en los jardines de la Catedral, donde se dispuso un escenario con música, generando un ambiente de alegría y encuentro. En este espacio, algunas personas también compartieron palabras en honor al nuevo presbítero, permitiendo prolongar la celebración en un ambiente de comunidad.
Así, la jornada concluyó marcada por la alegría, la gratitud y la esperanza, como signo vivo del compromiso de la Iglesia diocesana con las vocaciones y el servicio al pueblo de Dios.