La historia historia se sitúa en el norte de Chile, en 1982, en un caserío minero donde pareciera que predominan los jubilados y hay un prostíbulo de travestis. En ese ambiente marginal y muy precario, vive Lidia, una niña que ha sido adoptada por los travestis y, en especial, por Flamenco. Flamenco es la travesti más atractiva, la de mayor desplante.
En medio de un fuerte machismo, prejuicios y supersticiones, Lidia es testigo de una enfermedad que azota a las travestis: ha llegado el VIH. En este ambiente decadente y duro, como contrapartida, hay un grupo de seres que se apoyan, se cuidan, mostrando una humanidad que contrasta con la aridez del desierto y la doble moral del entorno. La misteriosa mirada del flamenco es una película con algunas actuaciones y escenas sobresalientes, emocionantes e inolvidables.
‘La misteriosa mirada del flamenco’: Chile, 1982 Luego de un buen tiempo, fui a ver La misteriosa mirada del flamenco. Lo hice en una sala de cine (Centro Arte Alameda) con un público que suponía proclive al filme. Y me he dado muchos días para decantar la experiencia contradictoria que tuve al verla.
Rescato y valoro algunas actuaciones realmente conmovedoras, como las de Matías Catalán, Luis Dubó y Paula Dinamarca, o algunas de Tamara Cortés (Lidia). Varias escenas muy logradas, de gran belleza. Además de una muy buena ambientación.
Sin embargo, hay algo que no logro tolerar: el hecho de situar la película en el año 1982. Primero, porque con ello pierde un sentido atemporal, más poético, o que la historia pudiese aplicar a distintos momentos. Pero Diego Céspedes optó por anclarla en un momento preciso de la historia de nuestro país.
Y lo hizo en un año clave, que fue bisagra durante la dictadura. En 1982 se produjo una de las crisis económicas más graves que ha tenido el país en toda su historia. Una crisis tan profunda que hizo desestabilizar a la dictadura cívico-militar, con cifras de cesantía que se aproximaron al 30%.
En muchísimas poblaciones, a lo largo del país, se organizaron ollas comunes y los “Comprando juntos” en gran cantidad de iglesias. El hambre y la miseria inundaban las calles. Por ejemplo, había carnicerías que vendían carne molida desde un octavo de kilo (125 gramos), lo mismo con el azúcar.
En ‘La misteriosa mirada del flamenco’ no hay dictadura, y bastaba un rayado, un diario o un comentario al pasar para evidenciar su peso. Tampoco hay ningún hostigamiento policial ni un interés de las policías en las travestis como fuentes de información. Y no hay crisis económica.
Si bien no se habla abiertamente de Sida o VIH, la película da a entender que es ese el flagelo que los diezma. Sin embargo, el primer caso oficial en Chile es de 1984. Además, la hija de Clemente va a ver a su padre con sus hijas siendo niñas, sin ningún tipo de prejuicios o de resguardos.
¿Qué madre bastante formal, en esos años, visitaría un prostíbulo de travestis como si llegara a una hospedería en el Valle del Elqui? Lo que planteo es un punto de vista muy personal. Pero, a mí, me resulta violento el situar la película en un año tan particular, como puede ser para Chile el año 1939, 1960, 1962, 1970, 1973 o 1988, por mencionar algunos, y luego desentenderse completamente.
¿Cómo negar la historia, el ambiente social que hubo? Porque eso afectó a todo el país, a todas las clases sociales (tuve que realizar el Censo ese año en Las Condes, y en las casas que me tocaron había alrededor de un 40% de jefes de hogar cesantes), en especial en las periferias y marginalidades. Algo similar me sucede respecto a la historia del VIH en Chile.
Puedo discutir sobre lo acertado o no de lo que pasa con Lidia en la película, o cómo Tamara Cortés lo interpreta. Pero desconocer al país de 1982, como se autoimpuso el director, no. Son mis límites o mis limitaciones.
La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes, Quijote Films. ¿Qué miramos cuando miramos? Lo anterior me lleva a preguntarme: ¿qué miramos cuando miramos?
¿Qué han visto los críticos y la Academia de Cine de Chile para elegir a La misteriosa mirada del flamenco como representante del país? ¿Y los jurados para premiarla? Puede ser que (sobre)valoraran los temas vinculados a las disidencias o minorías sexuales.
O el mostrar marginalidades. Puede ser la belleza de algunas escenas, la mirada infantil sobre temas tan complejos… Aunque nadie lo vea, llevo tatuado el año 1982 en mi cuerpo, en mi memoria, en mis sentimientos, como posiblemente le pasa a muchas personas que vivimos en ese periodo en el país, porque fue la mecha de las grandes manifestaciones que vinieron, cargadas de represión y sangre. Y La misteriosa mirada del flamenco me desconoce, borra mis vivencias y, sospecho, a buena parte de aquellos con quienes viví ese año.
Blanquea, de paso, para mí a la dictadura. No creo que las películas deban ser explícitamente políticas, pero no deben desconocer, omitir un contexto histórico, social, cuando han señalado año y lugar. Creo que La misteriosa mirada del flamenco es una gran ópera prima, pero una mala representante del país.
Es mi muy íntima opinión. La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes, Quijote Films. La misteriosa mirada del flamenco Dirección y guion: Diego Céspedes Elenco: Tamara Cortés, Matías Catalán, Paula Dinamarca, Pedro Muñoz, Luis Dubó, Alexa Quijano, Sirena Matilde, Bruna Ramires, Francisco Javier, Claudia Cabezas, Vicente Caballero.