La escritora Nona Fernández fue una de las principales figuras de la literatura chilena en asistir a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, realizada este mes en la capital argentina. En la capital argentina, Fernández participó en el diálogo “La revolución no es un sueño eterno. Militancias, ejércitos y luchas colectivas y personales”, junto al guatemalteco Horacio Castellanos Moya y el brasileño Michel Laub, además de un diálogo en la librería Medio Pan y un Libro en el barrio de Villa Ortúzar, donde pudo conversar con sus lectores argentinos.

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“Es bonito cómo se van construyendo esos públicos, esa audiencia, esos lectores y esas lectoras, porque cada vez que vengo es como que el grupito va creciendo. Y es un grupo cariñoso, la verdad que siento tu cariño”, celebra. Fernández (Santiago, 1971) sumó recientemente a su destacada trayectoria su nominación al premio AENA de España, dotado con un millón de euros ($1.

100 millones de pesos), lo que causó polémica por su cuantía, por su libro “Marciano” (2025, Random House), una biografía literaria de Mauricio Hernández Norambuena, alias el “comandante Ramiro”, ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Los otros finalistas fueron los españoles Enrique Vila-Matas (‘Canon de cámara oscura’) y Marcos Giralt Torrente (‘Los ilusionistas’), el colombiano Héctor Abad Faciolince y la argentina Samanta Schweblin (‘El buen mal’), que se lo llevó finalmente. Todos los finalistas se adjudicaron 30 mil euros.

“Evidentemente, los libros míos que habla de la memoria histórica chilena. Siempre pienso que son libros muy chilenos y muy escritos como para mi barrio, para mi barrio, para mi esquina, para mi amigo, para mi lote, y eso evidentemente no es así, porque uno ya va entendiendo como esos libros tienen una una repercusión en otros lugares”. Ambos países fueron golpeados por dictaduras militares, donde el terrorismo de Estado dejó víctimas, pero también tienen historias de organizaciones armadas revolucionarias.

“Para mí es muy importante contar estas historias desde un lugar más luminoso, menos y menos anquilosado, y menos solemne y menos victimizante también”. También admite que muchas veces son temas difíciles. “Toco temas que son, a ratos, difíciles.

Yo entiendo a alguien que me diga, ‘no, yo no quiero leer este libro’. Pero mi trabajo siempre ha sido decir: ‘yo te quiero invitar y tú no solamente vas a terminar el libro, sino que vas a salir con ganas de leer más’. Esa siempre ha sido mi intención.

Es como la gran herramienta, el lenguaje, la poesía, el aire, el sueño, elevar un poco los materiales”. El premio AENA El capítulo AENA sin duda fue algo especial. La escritora cuenta que ella lo desconocía por completo.

Que primero una persona de España le escribió un WhatsApp para contactarla telefónicamente, pero que temía que fuera una fraude. Que sólo reaccionó cuando consultó con su compañero, el escritor Marcelo Leonart, quien le confirmó que el galardón era real. Entonces, cuando ella accedió, el encargado de AENA de España “me llamó inmediatamente y me explica, ‘mira, este es un premio al que no se postula, no tienes por qué saber del premio porque es nuevo.

El hecho de estar llamándote quiere decir que eres una de las cinco finalistas, y esto quiere decir que ya tienes 30. 000 euros’. Y yo estaba así, a ver si había alguien filmándome.

Y me dijo, ‘¿tú puedes venir a Barcelona? , porque esto es una condición. ’Si tú me dices que no puedes venir a Barcelona’, creo que eran dos o tres semanas, ‘ tendríamos que pensar en otro candidato'”.

“Digo, ‘no, dime la fecha. Perdona, ¿esto es real? ’ ‘Sí, es real’.

Igual él tenía mucha conciencia de lo insólito de todo”, recuerda. Luego, Fernández se puso a googlear un poco y entendió “un poquito más”. Habló con su colega argentina Samantha Schweblin a quien conocía y que vive en Berlín, y pudo confirmar su veracidad.

“Ella ya tenía cierta claridad del ruido que había en España, yo no la tenía, me parecía muy insólito lo del millón de euros, la verdad me parecía que era mucha plata”, cuenta ahora. “Tú lo sabes mejor que yo: nosotros venimos de Chile, donde estamos peleando para que los premios no desaparezcan. Y ojalá que los premios tengan plata, qué sé yo, unas luquitas, ¿no?

Entonces todo esto me parecía muy insólito. Pero claro, fue tomando su cuerpo, se comunicaron inmediatamente y esto empezó a ser una realidad”. Varias semanas después, efectivamente viajó a Barcelona y compartió con el resto de los nominados.

“Y yo te diría que estábamos todos en la misma situación, de no entender nada y ya de empezar a leer también toda la polémica que había en España. Lo bueno de la polémica era que a nosotros siempre nos dejaba fuera”. “Marciano” en el exterior “Marciano” había salido en septiembre del año pasado en Chile y en octubre Fernández fue a España a lanzarlo.

“Era un libro que estaba instalado en España, había tenido prensa en España, había tenido críticas en España”, explica la autora. Para ella, por su protagonista ha sumado, también en el exterior, a un público que se añade a sus seguidores regulares. Ese nuevo público “entra al libro porque quiere entrar a un pedazo de historia, quiere saber de Mauricio”, aventura, un público extranjero que sabía algo de la dictadura, del FPMR y del fallido atentado contra el dictador Augusto Pinochet en 1986.

“En el exterior la figura (del frentista) no es tan polémica como en Chile. (…) Yo hablo de Mauricio Hernández Norabuena, del ‘comandante Ramiro’, pero en rigor estamos hablando de la revolución. Y hay figuras como Mauricio en todas partes y se entiende muy bien esa figura.

Y se entiende muy bien el, hay que decirlo, fracaso de ese sueño. Y se entiende desde distintos lugares, se entiende con nostalgia”. La escritora llegó a este personaje porque era la guionista de una serie que nunca se filmó, y como parte del proyecto empezó a visitarlo en la cárcel de Rancagua.

Cuando la serie se canceló, ella siguió esa rutina a lo largo de varios años para terminar escribiendo “Marciano”. “No sé ni por qué entro a los libros, o sea, digo, por qué emprendo esas escrituras. Lo empiezo a entender en la medida en que ya estoy manejando materiales y escribiendo y todo”.

Generación del 60 Ella dice que algo que le regaló el libro es la idea de esa generación, en medio del “ahora (…) que es una mierda, un mundo complejísimo”, donde estos personajes, “que nos parecen marcianos, porque estuvieron dispuestos a darlo todo, no existen”. “Porque nosotros necesitaríamos, en este momento histórico, no estoy hablando de una revolución pero sí de una energía revolucionaria para cambiar lo que está pasando. Y no la tenemos, y no sabemos disponer de un sueño utópico, y no sabemos para dónde vamos”.

“Es algo que todo el mundo me dice: necesitamos esa energía hoy día, que ganas de tener esa locura, a ratos ingenua, de llegar y lanzarse y decir, queremos un cambio y lo vamos a hacer. Claro, ahora no sabemos hacerlo, no podemos, lo más revolucionario es apretar un like, lanzar un tweet, salir a la calle un día con una pancarta”. “Pero pero está difícil, ¿no?

Y eso Mauricio también a ratos me lo decía en las conversaciones, ‘lo nuestro no funcionó, lo hicimos todo y no funcionó’. Pero hay que intentarlo, digo, no se va a sepultar la idea de intentar algo colectivo que sea beneficioso para todos, ¿no? ”.

Personaje Ramiro Al iniciar este proyecto la autora sabía que el personaje era un tipo controvertido y que el tema del FPMR era algo impopular: “depende de donde tú estés te aplauden o te escupen. Yo te diría que de todos los países que he visitado, el ecosistema literario y el mainstream literario chileno es el más conservador”. Aún así, decidió seguro adelante.

“Yo no pienso esas cosas, me lanzo. Soy un poco loca en ese sentido. Pero claro, lo que me pasó con la serie que fui convocada, es que claro, me pareció interesante.

Era un proyecto que tenía que levantar a héroes, a villanos, las acciones del Frente, todo era acción, como son las serie de acción. Era un poco eso lo que se me pedía” como guionista. “Pero claro, me encontré inmediatamente (con algo) fuera de todo pronóstico, como se dice, que me desarmó completamente.

Yo no me encontré con el comandante, yo me encontré siempre con Mauricio. Yo no soy parte del Frente, si bien en tiempo de dictadura yo tenía una simpatía por el Frente, evidentemente, pero yo no lo miro con jerarquía, para mí es como estamos conversando nosotros, nos estamos mirando los ojos, somos pares”, asegura. Fue “lo mismo con él y yo creo que eso hizo que la comunicación fuera bien fluida.

Y me encontré con una persona que ha estado encerrada mucho tiempo. Me encontré con una psiquis muy especial. Que ha resistido mucho, porque yo siempre lo digo, Mauricio debiera estar completamente loco (por el encierro).

Y no está más loco que yo. Tendrá otras chifladuras, yo tengo las mías, pero no está loco. Evidentemente por el encierro, hay momentos que tiene unos cuadros de ansiedad”.

Además es “un lector de la puta madre. Es muy ecléctico, también lee mucha chatarra, pero es muy sensible al trabajo literario, muy actualizado en su pensamiento político también, y yo diría ratos más que su propio sector. Bueno, ha tenido muchísimo tiempo para pensar, para reflexionar, para observar”.

Para escribir su libro, la autora fue a la cárcel durante cuatro años. “Había estado en el CAS (Centro de Alta Seguridad, en la ex Penitenciaría de Santiago), en San Miguel, en Puente Alto también, pero cosas esporádicas”, cuenta. “Es otro mundo en la cárcel.

Las cárceles son todas una mierda, hay que decirlo, pero la de Rancagua tiene algo especial porque está en medio del campo. Lo pienso mucho en relación al CAS, que es muy brutal, puro cemento. En esta los patios tienen cielo, algunas celdas dan a la cordillera, al campo.

Eso te juro que hace una diferencia”. Las entrevistas fueron en una sala de visita, heladísima aunque afuera hubiera 35 grados de calor, comenta, donde fue bien tratada por el personal a cargo y sólo podía tomar notas con lápiz y papel, no grabar. “Tomaba apuntes, pero yo no soy periodista ni nada, mis apuntes eran pésimos.

Y además algo que siempre digo, entrar en el tiempo del encierro, que es entrar en el tiempo de Mauricio, es otro tiempo, que me costó entender”. “Cuando la serie se va al carajo, lo que me pasó es que yo estaba comprometida con ese universo del encierro, con la psique de Mauricio. La historia del Frente es la historia del Frente, a mí me parece super interesante y super entretenida, pero la historia del Frente siempre he dicho la tiene que contar el Frente.

Yo no voy a ser yo la señora que cuenta la historia del Frente. A mí me interesa la historia de Mauricio, no del comandante, sino que de Mauricio, y por sobre todo la historia del ser humano que está encerrado”. La publicación En cuanto a la publicación, “siempre las editoriales te están preguntando en qué estás.

Y yo me tomo todos los tiempos, ‘lo siento, chico, no tengo nada’. Y acá, cuando apareció esta idea, yo ya había empezado a escribir o a darle vuelta, lo hablé con ellos”. “Yo lo tenía super claro, yo quería que este libro, si existía, fuera de (la editorial) Random, esta plataforma que es es una vitrina más grande.

Era como casi una decisión política en ese sentido”. “No quiero decir que sea una mejor plataforma (que una editorial independiente, con las que también trabaja), pero evidentemente el recorrido internacional que ha hecho, tan rápidamente, tiene que ver con eso”. Desde el principio además supieron que por el tema del personaje y el tema iba a ser difícil la difusión, pero decidieron que iban a intentarlo “con todo”.

En Random House “siempre he trabajado con Vicente Undurraga, a mí me encanta como editor porque me coachea mucho. Yo le había puesto una alarma, yo le decía, ‘mira, Vicente, lo único que yo no quiero es que este libro sea muy charango lila’, y le puse una alarma” para que Undurraga le avisara si eso surgía. “Quería romper esa retórica, que llegara a otros lugares, que fuera más amplia su manera de convocar y de hablar y de entusiasmar”.

Caso Guzmán y secuestro de Edwards Hay dos temas que en el libro además le parecían necesarios abordar. “En un momento yo le digo, ‘Mauricio, yo no puedo hacer un libro sobre ti, sobre tu encierro y sobre tu condición actual, si yo no menciono y no entro a las dos causas que te tienen aquí”, ambas por hechos ocurridos en 1991. Una tiene que ver con la muerte del senador Jaime Guzmán, caso en el cual niega responsabilidad y asegura que aunque era parte de la comandancia del grupo en aquel momento, no estuvo al tanto de la operación.

La otra es el secuestro de Cristian Edwards, hijo del dueño del diario El Mercurio, Agustín Edwards. “Sobre todo en el tema del secuestro nos costó dialogar y ponernos de acuerdo. Yo siempre tuve disposición a la escucha y a intentar entender todo para leer desde esa mirada, que es algo que me interesaba mucho, sobre todo con toda la trayectoria del Frente después de la llegada a la democracia en 1990”.

En el tema del secuestro “nos costaba mucho o nos costó o no llegamos nunca a un acuerdo. A mí me interesaba, por supuesto, y no podía dejar fuera mi punto de vista, el libro era mío. Pero me interesaba que el suyo estuviese muy claro también.

Entonces, ahí fuimos trabajando esa parte y yo le di a leer todo lo que yo estaba traduciendo de sus ideas, de sus planteamientos”. “Y eso, claro, lo trabajamos juntos. Entonces, ‘mira, esto es lo que yo dije.

Esto es lo que dices tú. Ya, que entonces a mí me gustaría agregar esto. Perfecto’.

Entonces, fue como toda una jugada de ajedrez, porque lo fuimos construyendo de tal manera que cuando yo le planteé lo mi pensamiento del tema, él lo leyó. Quedó como así, me dijo, ‘ya, si tú dices esto, yo debería decir esto’. Y él me lo decía, yo lo anotaba y después lo planteaba literariamente.

Le decía, ‘mira, esto dije yo, esto dijiste tú'”. “‘Si esto dijiste tú, yo debiese agregar esto otro y aquí lo traje’. Y me volvía a plantear otro texto.

Finalmente, él quedó muy de acuerdo, porque dijo todo lo que tenía que decir sobre el tema, no llegamos a acuerdo y yo dije todo lo que tenía que decir sobre el tema. No nos encontramos, tenemos posiciones muy distintas sobre lo que es un secuestro humanitario, pero él dice todo lo que tiene que decir”, plantea. “Me parece muy importante, además, porque una de las cosas que también me planteé en el libro era que yo no iba a ser la señora que iba a perjudicar más a Mauricio, un hombre que está completamente perjudicado.

O sea, no. Y si ese discurso le trae algún problema, bueno, es su discurso y es lo que ha dicho también el tribunal, es lo que siempre ha dicho. Entonces, no es nada nuevo en ese sentido, no es algo que no haya dicho también en su libro”, dice en relación a “Un paso al frente” (Ceibo), que Hernández publicó en 2016.

Finalmente, la autora también comenta los recortes de presupuesto que están ocurriendo en Chile, y que también han golpeado al mundo de la cultura. A su juicio hay que “ampliar un poco la mirada y entender que es parte de un movimiento global, que no nos está pasando solamente a los chilenos. Pero no pensé que iban a ir tan rápido.

Todos los terrores se han ido confirmando en este poco tiempo que tenemos”. Tener un presidente que reivindica la dictadura, “para quienes venimos de un mundo de izquierda, y después de todo lo que hemos trabajado en este último tiempo”, significa que “sin duda no lo hemos hecho bien, o sea, es una cosa que hay que decirla, no se hizo bien”. “Y no se hizo bien, no solamente a nivel del gobierno anterior.

Yo creo que de la Revuelta en adelante no supimos calibrar, no supimos ver, y tomo responsabilidad en eso, porque creo que todas y todos quienes vivimos con algo de esperanza, de agitación, estos años que hemos vivido, tenemos que autocriticarnos” “Yo a ratos pienso en todos estos libros que he escrito, intentando rescatar historias del pasado para ponerlas en el presente y actualizarlas para que no vuelvan a pasar… fracasé completamente. No lo digo como algo terrible o que nos invalide de seguir pensando, todo lo contrario, siento que hay que reconocerlo para desafiarnos el triple, el cuádruple, el quintuple”, dice. Un proyecto progresista “Porque lo que se requiere es una energía que yo creo que no tenemos, estamos cansadas.

Yo creo que no hay que responder, yo creo que hay que armar un proyecto. Y responder a ese proyecto que no tenemos. Que esa es la gran desgracia, no tenemos proyecto.

Y ahí rescato el libro, aquel sueño utópico de la revolución socialista que sabemos no ocurrió, era un sueño que despertó un continente entero y que movilizó un continente entero, que también enloqueció a un continente entero, digámoslo también y sabemos lo que pasó y cada uno tendrá su manera de evaluarlo. Pero no ocurrió, fracasó, hay que decir, fracasó. Pero tenemos que inventar otra cosa.

Tenemos que movilizarnos juntas y juntos, tenemos que reactivarnos”. “Cuando yo hago estas reflexiones siempre me dicen, ‘tenemos que cuidarnos, tenemos que estar en la contención’, que yo creo que está muy bien, esta idea de generar comunidades, que nos vayan protegiendo, y lo estamos haciendo, no sé si todas, pero lo estamos intentando. Pero creo que no basta”.

A su juicio, “aquí hay que hacer algo más, la jugada tiene que ser más grande. Porque lo que tenemos encima es muy peligroso, muy doloroso”, señala en referencia a los gobiernos de ultraderecha a nivel mundial. “Hay que resistir, sí, pero yo creo que tenemos que ser más ambiciosos, tenemos que intentar disponer de un pensamiento utópico y a lo mejor equivocarnos de nuevo, da lo mismo, pero intentar algo.

Porque si no, no sé qué va a pasar. Y no quiero pensar catastróficamente, porque no me gusta pensar catastróficamente. Me niego a eso”.