La familia controladora de Samsung completó en mayo de 2026 el pago de aproximadamente 12 billones de wones (unos US$8. 000 millones) en impuestos por la herencia del fallecido presidente Lee Kun-hee, en lo que constituye el mayor desembolso de este tipo registrado tanto en Corea del Sur como a nivel global y uno de los episodios fiscales más relevantes para el mayor conglomerado del país asiático. El proceso comenzó en octubre de 2020, cuando Lee Kun-hee dejó un patrimonio estimado en cerca de 26 billones de wones (unos US$ 19.
000 millones), compuesto por participaciones accionarias en las principales filiales del grupo —incluyendo Samsung Electronics—, bienes inmobiliarios y una extensa colección de arte de alto valor. La magnitud del legado derivó en una carga tributaria sin precedentes para sus herederos —Lee Jae-yong, su madre Hong Ra-hee y sus hermanas Lee Boo-jin y Lee Seo-hyun— quienes en 2021 optaron por acogerse al sistema legal que permite diferir el pago del impuesto sucesorio en múltiples cuotas, en lugar de enfrentar un desembolso inmediato. De esta manera, la disnatía estructuró el pago en seis desembolsos distribuidos a lo largo de cinco años, en coordinación con la autoridad tributaria surcoreana.
Control del conglomerado La factura representa una de las tasas más elevadas del mundo —de hasta 50% sobre la herencia— lo que implicó transferir al fisco aproximadamente la mitad del patrimonio heredado. Esta presión fiscal obligó a desplegar una estrategia financiera compleja. Los herederos recurrieron a ventas parciales de acciones en filiales, acuerdos fiduciarios para administrar participaciones, uso intensivo de dividendos generados por el propio grupo —que sumaron varios billones de wones en el período— y, en algunos casos, financiamiento a través de deuda personal.
En paralelo, una parte del patrimonio fue destinada a fines públicos, incluyendo la donación de una relevante colección de arte a instituciones nacionales, en una decisión que también contribuyó a reducir parcialmente la base imponible. A lo largo del proceso, uno de los objetivos centrales fue preservar el control del conglomerado, particularmente mediante el fortalecimiento de Samsung C&T como eje de la estructura de gobernanza. Este punto resultó clave para inversionistas, que siguieron de cerca la evolución del pago ante el riesgo de que una eventual liquidación masiva de activos debilitara la posición de la familia sobre el grupo, afectando la estabilidad de uno de los pilares de la economía surcoreana.
La relevancia del caso La relevancia del caso trasciende el ámbito corporativo. Samsung no solo es el mayor chaebol (como los surcoreanos llaman a los grandes imperios corporativos familiares) del país, sino también un actor central en su modelo de desarrollo económico, con operaciones que abarcan desde semiconductores y electrónica de consumo hasta construcción, seguros y servicios financieros. En ese contexto, el impuesto pagado equivale a cerca de una vez y media la recaudación anual total por este concepto en Corea del Sur, lo que dimensiona su impacto tanto fiscal como simbólico en un país donde el debate sobre la tributación de grandes fortunas sigue abierto.
El cierre del pago también tiene implicancias directas para la estrategia futura del grupo. Con la incertidumbre tributaria despejada y tras años marcados por desafíos legales y de gobernanza en la cúpula directiva, se espera que Samsung acelere decisiones de inversión en sectores clave como semiconductores avanzados, inteligencia artificial y biotecnología, en un entorno global cada vez más competitivo y marcado por tensiones tecnológicas entre grandes potencias.